Bendecidos en las dificultades

Dice la Biblia en Génesis 39: 2

“Más el Señor estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo.”

José fue bendecido desde que nació hasta que murió. Dios diseñó su vida de tal modo que etapa a etapa las circunstancias y situaciones que vivió fueron construyendo lo que al final sería su existencia o el servicio que prestaría al perfecto plan que Dios tenía para construir la nación hebrea de la que habría de venir el Salvador del mundo.

Moisés escribe sobre la vida José cuando el soñador ya había muerto. El autor del Génesis tiene la historia completa de la vida del padre de Efraín y Manasés y señala con toda claridad que la bendición de Dios no se apartó nunca de él y das dos razones que parecen contradecirse: 1. Dios estaba con él y 2. Estaba en casa de su amo, es decir era esclavo.

La presencia de Dios en nuestra vida no necesariamente significa ausencia de dificultades o adversidades. No. Dios estaba con José, pero era esclavo. José era un hombre grandemente bendecido, pero no era libre. Lo que para muchos parece una gran contradicción para Dios es algo muy natural.

La bendición de Dios en la vida de sus hijos nunca cesa. El hecho de no verla porque nos enfocamos más en la contrariedad nunca implicará que se haya ido o que Él nos haya abandonado. Más bien, creo, justamente en esos días es cuando más nos acompaña o cuando más nos sostiene para poder seguir adelante. 

Humanamente ver a José como esclavo en una casa egipcia era un gran fracaso. Si hoy viviera José para muchos sería un completo fracasado porque en estos días la “bendición de Dios” la asociamos al éxito, la relacionamos estrechamente con no tener problemas o dificultades y eso de acuerdo a Génesis es una gran ficción.

Dios está con nosotros y su bendición nos acompaña siempre. Aún en esos momentos en que todo parece perdido. La frase del salmo 23 cobra vital relevancia con esta verdad. El salmista dijo: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno porque tu estarás conmigo.”

Adversidades y contrariedades nunca serán sinónimo de que Dios nos ha dejado. Forman parte de un plan que Él tiene para con cada uno de sus hijos en un proyecto final que muchas veces nuestro entendimiento no alcanza a comprender.

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