Nuestra memoria

Dice la Biblia en Salmos 105: 5

“Acordaos de las maravillas que él ha hecho, de sus prodigios y de los juicios de su boca.”

El salmo 105 es cantado, recitado y memorizado por los judíos para utilizarse siempre durante su celebración de Pascua. En él recuerdan dos hechos fundamentales sin los cuales ellos no podrían existir: el llamamiento de Abraham por Dios para fundar el pueblo de Israel y la liberación del pueblo de Dios de Egipto.

Entre ambos sucesos el salmista engrana la fundación de Israel y su liberación de los egipcios, brevemente a través de la historia de José, quien fue vendido por sus propios hermanos a comerciantes madianitas que lo vendieron a un importante general llamado Potifar.

El autor de esta oración le pide a sus lectores que hagan siempre un ejercicio de memoria para tener presente siempre por lo menos tres cosas: 1. Las maravillas de Dios. 2. Los prodigios del Señor y 3. Los juicios de la boca del Creador. Porque de esa manera se mantendrán unidos al Dios del cielo y de la tierra.

Es un llamado a no olvidar lo que Dios ha hecho. Una convocatoria para tener siempre presente en su corazón las sorprendentes y portentosas obras que el Señor ha hecho por ellos porque al olvidarlo la ingratitud llenará nuestro corazón y un corazón mal agradecido hará altivo y orgulloso a cualquiera.

En la vida de Abraham vemos las maravillas y prodigios que Dios hizo. Un anciano con una esposa también de edad avanzada y estéril procrearon en su vejez un hijo al que llamaron Isaac. Sólo Dios puede hacer un milagro de ese tamaño. Y sus juicios cayeron sobre Egipto para que liberara a su pueblo.

Cuando los hebreos celebran la Pascua, se les ordena que el relato del éxodo lo hagan con tal viveza para sus hijos que ellos crean que todo lo ocurrido allí apenas pasó ayer u hoy mismo. Esa es una manera de tener muy presente lo que el Señor ha hecho en la vida de ellos.

A nosotros nos sirve para traer a nuestra memoria siempre lo que Dios ha hecho por nosotros. Como nos liberó del pecado para que podamos servirle. Éramos enemigos de Dios por nuestra naturaleza pecaminosa, pero nos reconcilió con él, a través de la persona de Jesucristo. Cómo olvidar entonces todos los beneficios que nos ha dado.

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