Sin temor a la persecución

Dice la Biblia en Mateo 10: 26

“Así que, no los temáis; porque no hay nada encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.”

El tema de la persecución era y es un aspecto difícil de digerir en la vida cristiana. Resulta incomprensible y a veces hasta ilógico por qué hacerle daño a alguien que solo busca el bien común. Cuando Jesús les enseñó sobre esa situación los apóstoles tuvieron la intención de hablar poco de él o definitivamente ni siquiera tocarlo.

Ante esta tentación de callar, Jesús les dice que debe ser todo lo contrario y hacerlo publico y notorio con dos contundentes argumentos: 1. En el cristianismo no hay nada encubierto que no haya se ser manifestado y 2. No hay nada oculto que no haya de saberse. En otras palabras que debían de hacer pública la verdad de que el cristiano será perseguido.

Las personas piensan que con no hablar de un tema o problema, éste no sucederá o se postergará por tiempo indefinido para manifestarse. Cristo dijo que en el caso de la persecución ésta no puede ni debe omitirse porque tarde o temprano ocurrirá en la vida de los seguidores de Cristo.

La persecución será una marca de la iglesia y de nada servirá si se esconde o se oculta que tal hecho ocurrirá. Al contrario provocará que muchos retrocedan de su fe cuando se vean sometidos a esta clase de presiones solo porque no se les advirtió o no se les comunicó que ser perseguidos es parte de la vida cristiana.

Al pedir que se haga público un asunto tan delicado, Jesús quiere que sus seguidores sepan claramente lo que les espera. Porque la fe genuina y verdadera puesta en Jesucristo tiene que se probada para que una vez calificada llene de frutos apacibles a quienes en ella han sido ejercitados.

Cristo quiso ahorrarnos sorpresas y contrariedades. El hijo de Dios debe estar consciente que en cualquier momento los perseguidores pueden llegar a su vida y ha de aceptarlo como parte del plan de Dios para su vida. Pero sobre todo, Cristo quiere que no tengamos temor de ellos.

La persecución es un hecho. Vendrá y tendremos que afrontarla. La gran esperanza es que antes que a nosotros nos persiguieran a Él lo persiguieron primero. Él nos acompañará en esos tristes y aciagos días. Su presencia reconfortará siempre nuestro corazón y dará la salida exacta para resistir.

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