Elisabet y Zacarías: servicio incondicional

Dice la Biblia en Lucas 1: 7 “Pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada.”

Zacarías y Elisabet son adjetivados por el evangelista Lucas como justos delante de Dios y que andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. Eran un matrimonio consagrado, entregado a la labor sacerdotal que desempeñada Zacarías. Elisabet era descendiente directa de Aarón el primer sumo sacerdote de Israel.

Pocos matrimonios en la Escritura son calificados con el mismo fervor para servir a Dios. En el caso de esta pareja habían decidido servir a Dios de manera consagrada y en esa determinación lograron alcanzar una vida piadosa que no pasó desapercibida ni para quienes convivían con ellos diariamente, ni para el evangelista Lucas.

Pero todas estas virtudes que los resaltaban tenían una contrariedad para ambos: no tenían hijo y esa carencia para esos tiempos era una señal de la maldición de Dios. La falta de descendencia era una acusación directa contra la mujer. Era una causa legal para repudiar a una mujer. Pero Zacarías amaba a Elisabet y no la dejó a pesar de no tener hijos.

La piedad tiene como particularidad que quienes la practican sufren algunas carencias. Este matrimonio era extremadamente temeroso de Dios, pero durante toda su vida no pudieron procrear un hijo. Al final de su existencia cuando ya habían pasado muchos años de vida conyugal alcanzaron su sueño.

La falta de algo que deseaban tanto no fue impedimento para servir a Dios con todo su corazón. Su servicio a Dios no fue condicionado o influenciado por la falta de un hijo. Ellos no vieron nunca lo que les hacía falta o lo que Dios no les había dado. Servían incansablemente a Dios no por lo que les daba o les daría, sino por lo que ya habían recibido.

Nacer en la familia sacerdotal fue el privilegio más grande que podían haber recibido. Escogidos desde antes de nacer para servir en el templo fue suficiente para ellos. Lo hicieron de todo corazón, sin quejarse por la falta de un descendiente que los hacía ver como maldecidos.

Que ejemplo el de este matrimonio en tiempos en los que muchos sirven a Dios por lo que habrán de recibir y no por lo que han recibido. Que buscan a Dios para obtener bendiciones, sin saber que ya han sido bendecidos. Que aman a Dios mientras todo marcha bien, pero cuando les niega alguna petición reaccionan airados.

Elisabet y Zacarías fueron premiados por esa actitud y al final tuvieron un hijo. Su vástago fue Juan El Bautista, el precursor de Cristo. Valió la pena la piedad y la espera.

 

 

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