La prisa de los pastores de Belén

Dice la Biblia en Lucas 2: 16

“Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.”

Los pastores de Belén que cuidaban sus ovejas en turnos toda la noche fueron los únicos de todos los que escucharon el anuncio del nacimiento de Cristo que pudieron llegar rápidamente al pesebre donde yacía Jesús acompañado de María y José y experimentaron un gozo inefable al haber visto y conocido al Hijo de Dios.

Un rasgo importante que resalta Lucas de estos recios y bragados hombres fue la rapidez con la que llegaron hasta donde estaba Jesús. Lucas no nos relata los kilómetros que tuvieron que recorrer, tampoco nos cuenta el esfuerzo que hicieron para buscar a una mujer que recién había dado a luz considerando que Belén estaba llena por el censo romano.

Es muy probable que la distancia de donde estaban ellos a Belén era la misma o un poco más lejana que los cerca de tres kilómetros que separaban Jerusalén de Belén y que no lograron movilizar a los principales sacerdotes y escribas que también supieron del nacimiento del rey unas semanas después.

No, a los principales sacerdotes e intérpretes de la ley les faltó la sencillez y humildad que los pastores de Belén tuvieron para acercarse al Hijo de Dios. Porque para creer en la Navidad se necesita doblar la cerviz en reconocimiento de la grandeza de Dios que se hizo hombre para habitar entre la humanidad.

La Navidad es más que luces y regalos, comida y diversión. La Navidad es Dios haciéndose hombre para redimir a la humanidad tan perdida y necesitada de orientación para conocer la voluntad de Dios sobre está tierra y como primer paso acercarnos a ese evento único e irrepetible donde Jesús reposa con sus padres.

La prisa con la que los pastores se movilizaron de los campos de Belén a la ciudad nos enseña y nos convoca a hacer por un momento nuestras ocupaciones mundanas para comprender cabalmente la naturaleza de esta celebración: Dios extendiéndonos sus manos para abrazarnos a través de su Hijo.

El milagro de la Navidad solo se completa cuando asumimos la misma actitud de estos hombres que dejando sus labores llegaron a buscar a Jesús. Hicieron a un lado la incredulidad y sus dudas y con un corazón abierto llegaron para adorarlo también. La prisa por verlo refleja su interés y su deseo por conocer al Salvador del mundo.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: