María y José: un hogar sin egoísmo

Dice la Biblia en Mateo 1: 19

“José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.”

Cuando José y María se casaron otras muchas parejas de Nazaret y sus alrededores estaban haciendo exactamente lo mismo. Sólo que fue esa pareja la que Dios escogió para engendrar, cuidar, educar y formar a Jesús. Dios supo que esa pareja era exactamente la más adecuada para la crianza del Hijo de Dios.

El Señor sabía que ambos tenían las cualidades necesarias y suficientes para albergar en su hogar a quien Dios había enviado a la tierra para redimir a la humanidad. Si bien no era perfectos José y María tenían o compartían una característica que les permitía funcionar como matrimonio. Y no cualquier pareja, sino una familia estable y madura.

En primer lugar se prodigaban amor. María y José se amaban intensamente. Lo descubrimos cuando José descubre que su amada esposa esta embarazada. La quiere dejar secretamente, es decir sin que nadie supiera las razones por las que lo hacia. Si alguien se enteraba María tenía que morir dilapidada. José no quería eso para María.

Además, José había derrotado por completo su egoísmo. En lugar de asumirse como un hombre engañado y despechado, él se comportó como una persona comprensiva y humilde a la hora de saber y conocer que su pareja habían engendrado sin estar casados. La ira no lleno su corazón. La ira siempre es una manifestación de nuestro ego herido.

María, por su parte, aceptó la encomienda que Dios le dio. Ser el medio a través del cual se consumaría el milagro de la encarnación de Jesucristo. Y tuvo el valor y la serenidad para explicárselo a José, quien no le creyó. Tuvo que ser un ángel el que lo convenció de todo lo que estaba sucediendo.

El matrimonio de José y María nos auxilia para entender la clase de relación que Dios espera entre los consorte para formar hijos con valores y principios, pero sobre todo con ejemplos de piedad y buena conducta.

El hogar de ambos personajes es una hogar al que todos debemos aspirar. Un hogar donde el amor y el perdón se encuentran. Donde el egoísmo es cercenado cada día y donde la humildad nos ayudan a sobre llevar las cargas unos de los otros.

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