¿Son importantes los credos?

Por: A.W Tozer

Entre ciertos cristianos se ha puesto de moda atacar a los credos, y exaltar a la experiencia por encima de ellos, como si ella fuera la única prueba de verdadero cristianismo. La expresión “No credos, sino Cristo” (tomada, según creo, de un poema de John Oxenham), ha sido aceptada universalmente como la vera voz de la verdad, y se le está dando un lugar de prominencia entre los escritos de los apóstoles y profetas.

Cuando escuché esas palabras por primera vez me parecieron buenas. Me pareció que los abogados del “no credos” poseían una preciosa verdad que el resto de nosotros desconocíamos. Que ellos habían cortado rectamente a través de la verbosidad del cristianismo histórico y llegado directamente a Cristo, sin meterse en las complicaciones de la doctrina. Y la frase parecía honrar más perfectamente a nuestro Señor, enfocando en El la devoción de los creyentes, más que en palabras y juegos de palabras. Pero ¿es esto cierto? Pienso que no.

En este credo del “no-credo” hay ciertamente algunos gránulos de verdad, pero no tantos como sus abogados imaginan. Y esos pocos granos están sepultados bajo una pila de paja y hojarasca, algo que la gente del “no-credo” ni siquiera puede imaginar. Bien. Yo siento gran simpatía por los crédulos del no-credo porque veo que su protesta es contra la sustitución de un Cristo vivo por un credo muerto; y en este punto me uno a ellos con todo mi corazón.

 Pero esta antítesis no necesita existir; no hay razón para que nuestros credos estén muertos como tampoco hay razón para que nuestra fe esté muerta. Santiago nos dice que hay tal cosa como una fe muerta, pero por eso no rechazamos toda fe. La verdad es qué el credo está implícito en cada acto. Palabra y pensamiento de la vida cristiana.

Es totalmente imposible venir a Cristo sin conocer por lo menos algo acerca de El; y lo que conocemos acerca de El es lo que creemos acerca de El; y lo que creemos acerca de El, es nuestro credo cristiano. Dicho de otro modo, desde que nuestro credo es lo que nosotros creemos, es imposible creer en Cristo sin tener un credo.

Predicar a Cristo se entiende ser, general y correctamente hablando, el más puro y honesto ministerio en el cual puede ocuparse cualquier hombre. Pero predicar a Cristo supone mucho más que hablar acerca de El usando superlativos Significa algo más que dar salida al religioso amor que el predicador siente por Cristo.

Resplandeciente amor por la Persona de Cristo podrá dar calor y fragancia a cualquier sermón, pero todavía no es suficiente. El amor debe ser inteligente e informado si es que va a tener algún significado permanente. El sermón efectivo debe tener un contenido inteligente, y dondequiera hay intelecto, hay credo. No puede ser de otra manera.

Esto que digo no significa un pedido de usar los credos históricos en nuestras reuniones cristianas. Creo que es enteramente posible recitar de memoria el credo de los apóstoles cada domingo, durante toda la vida, sin sacar mucho provecho para el alma. El credo Niceno puede ser repetido o cantado en cada culto sin que muchos se beneficien con él. Los credos corrientes son un sumario de lo que el cristiano profesa creer, y son excelentes hasta cierto punto, pero pueden ser entendidos y recitados sin convicción, y por lo tanto muertos y matadores.

Mientras podemos adorar (y miles de cristianos lo hacen) sin el uso de ningún credo formal, es imposible adorar aceptablemente sin algún conocimiento de Aquel a quien deseamos adorar. Y ese conocimiento es nuestro credo, sea que lo hayamos formalizado o no.

No es suficiente decir que podemos tener una comunión mística con Dios, sin ningún conocimiento doctrinal, y que eso nos basta. No, no basta. Debemos adorar en espíritu pero también en verdad; y la verdad puede ser verbalizada, y cuando es verbalizada, se convierte en un credo.

El esfuerzo para practicar el cristianismo sin el conocimiento de lo que el cristianismo es, tiene que ser a la larga un esfuerzo fallido. El verdadero cristiano debiera ser, de hecho debe ser, un teólogo. A lo menos tiene que conocer algo del tesoro de verdad revelado en las Escrituras. Y debe conocer las Escrituras con suficiente claridad como para defender su credo y manifestarlo. Y lo que se manifiesta y defiende es un credo.

Debido a que el corazón de la vida cristiana es la fe en una Persona, Jesucristo el Señor, ha sido fácil para algunas personas presionar esta verdad en desmedro de las otras, y enseñar que la fe en la Persona de Cristo es todo lo que se necesita.

Quién es Jesús no importa, quién es el Padre, si Jesús es Dios u hombre o ambas cosas, si El aceptó las supersticiones y errores de Su tiempo, o no las aceptó, si El resucitó realmente, o fue eso una ilusión de sus seguidores, -esas cosas no son importantes, dicen los abogados del no-credo. Lo que es importante es tratar de creer en El, y seguir sus enseñanzas.

Lo que ellos parecen no ver es que el conflicto de Jesús con los fariseos era acerca de quién era El. Su pretensión de ser Dios exasperó a los fariseos hasta la furia. El podía muy bien apagar el fuego de esa furia retrocediendo y diciendo que él no era igual a Dios, pero no lo hizo. Y más tarde dijo que la fe en él involucra la creencia de que él es Dios, y que aparte de esto, no hay salvación para nadie.

“Y él les dijo. Vosotros sois de abajo; yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Y os digo que en vuestros pecados moriréis, porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis”.

Creer en Cristo de una manera en que uno pueda ser salvo, significa creer en las cosas correctas respecto de El. No hay otra salida.

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