Todo a su tiempo

Dice la Biblia en Eclesiastés 3: 11

Todo lo hizo hermoso en su tiempo y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.

Introducción

El libro de Eclesiastés es una revisión durísima sobre el paso del hombre sobre la tierra. El ser humano puede hacer muchas cosas y también puede hacer ninguna y tiene el mismo destino: la muerte. El hombre puede ser inmensamente rico, pero también inmensamente pobre y tanto el uno como el otro morirán.

El predicador o Eclesiastés diserta sobre esta profunda contradicción y otros grandes absurdos que hay en la vida: impíos y malvados que a la hora de morir son honrados como si hubiesen vivido como justos y la inversa, justos que son sepultados sin honra. Hombres inmensamente ricos y sin hijos para heredar.

Salomón, el hombre más rico de su tiempo, razona y medita de manera inquietante sobre las paradojas de la existencia humana: justos que sufren como si vivieran como malvados y malvados que disfrutan de la vida como si fueran justos. El mismo reconoce que ni el placer ni los bienes materiales, ni su propia sabiduría harán que viva mas o que no muera.

La lectura del libro de Eclesiastés es de suyo interesante porque de todo esto el autor de esa libro sapiencial no culpa a Dios. Ese volumen de la Biblia ni es un reclamo contra Dios ni es una queja contra el Creador. Tampoco es una obra insolente, sino una obra reflexiva que plantea la realidad de lo que acontece en este mundo: injusticias y toda clase de males.

Es más bien un libro explicativo, un libro que invita a razonar tomando en consideración a Dios. Asiéndonos del Creador no para llegar a una compresión cabal o a una explicación absoluta, sino más bien a una resignada aceptación que la sabiduría divina supera brutalmente la sabiduría humana.

Cada sentencia de Salomón en este libro sirve exactamente para eso. Para acercarnos un poco más al pensamiento de Dios. David decía muy explícitamente lo siguiente: “¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero se multiplican más que la arena…” Salmos 139: 17-18.

Y es justamente lo que nos ocurre cuando meditamos sobre el tiempo al que Eclesiastés le dedica una muy buena porción. El tiempo es una de las figuras centrales de este muy valioso libro porque el devenir del ser humano ocurre bajo esta importante condición: su vida transcurre tiene un inicio y tiene un final.

Cuando Salomón toma este tema declara con toda seguridad: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” Con esta declaración el Predicador quiere que sus lectores descubran que el tiempo de Dios es perfecto, pero el hombre ha perdido esa perspectiva y se adelanta o se atrasa a los tiempos de Dios.

La intención del autor es que el hombre se pueda “sincronizar” con Dios. Que pueda “ajustar su reloj” al “reloj de Dios” y no a la inversa. De esa manera su existencia será menos dolorosa y avanzará en descubrir el sentido que tiene su vida que esta de paso por este mundo.

Todo a su tiempo

I. Porque es hermoso
II. Porque forma parte de la eternidad de Dios

En los primeros versos del capítulo tres el Eclesiastés ha presentado una lista de todas las cosas que tienen un tiempo. No es una lista exhaustiva, sino más bien representativa de todo lo que las personas pueden hacer a lo largo de su existencia sobre este mundo del cual son peregrinos.

El verso once que es el que estudiaremos hoy es una especie de conclusión o reflexión final sobre ese tema. El Predicador quiere dejar en claro que en cada etapa de la vida uno debe aprovechar lo que nos corresponde hacer porque una vez pasado el tiempo no volverá a retornar.

La vida del hombre tiene un diseño perfecto: nace, vive y muere. Todos los seres humanos desde ese punto de vista son iguales. A nadie se da una etapa más ni se le resta una menos. La única diferencia es que unos viven más años que otros.

Desde que nacen hasta que mueren los seres humanos deben aprovechar el tiempo que Dios les da. Aprovechar en el sentido de que deben hacer lo que les corresponde en cada etapa de su existencia.

La niñez tiene situaciones que solo se viven y se disfrutan en esa etapa y así con la juventud, la vida adulta y la vejez. En cada una de ellas hay eventos que solo se disfrutan en esa época. Nunca será bueno adelantarlo o atrasarlo. Asumir responsabilidades en la infancia o juventud más allá de lo que nos corresponde hacer nos hará sufrir.

 

I. Porque es hermoso

Para comprender bien lo que le estoy explicando es conveniente citar este mismo verso en la Nueva Versión Viviente que dice así: “Sin embargo, Dios lo hizo todo hermoso para el momento apropiado. Él sembró la eternidad en el corazón humano, pero aun así el ser humano no puede comprender todo el alcance de lo que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin.”

Todo es hermoso cuando ocurre en el momento apropiado. La paternidad en el momento adecuado resulta satisfactoria. La maternidad en la adolescencia será problemática para todos: la madre de la creatura, el hijo que nacerá y la familia que le rodea. Todos sufrirán ese hecho.

La vida sexual antes del tiempo oportuno producirá secuelas que en ocasiones será difícil de borrar en la vida de los seres humanos tanto hombres como mujeres. Y así múltiples ejemplos. Como el abuelo que se niega a vivir la edad que tiene y a pesar de que ronda los 65 años se considera un joven.

Si lo que se hace tiempo es hermoso, es de pensarse lo que se hace fuera de ese tiempo. Debe ser algo desagradable y hasta dañino para quien lo hace.

II. Porque forma parte de la eternidad de Dios

La eternidad de Dios fue sembrada en nuestro corazón. El tiempo apropiado es un anticipo o una señal o un adelanto de que un día habremos de vivir para siempre en el tiempo de Él que es precisamente la eternidad porque nosotros dividimos el tiempo en pasado, presente y futuro, pero Dios es Eterno. En Él no existe el pasado, ni presente ni futuro.

Al sincronizarnos con Dios estamos acercándonos un poco al tiempo de Dios, es decir a su eternidad. Sin embargo jamás llegaremos a comprender absolutamente lo que él hace desde el principio hasta el fin porque nosotros somos finitos. David dice en el salmo 145: 3 que la grandeza de Dios es “inescrutable” es decir difícil de comprender y asimilar.

Sincronizamos nuestro tiempo con Dios, pero Él siempre será el dueño del tiempo y nosotros nos resultará complicado comprender todo lo que Dios hace porque a veces parece que no tiene sentido como lo acepta Pablo en Romanos 11: 33-34.

No logramos comprender cabalmente lo que sucede a nuestro alrededor porque sabemos lo que fue el pasado y apenas sabemos un poco lo que es el presente, pero el futuro nos es completamente desconocido. Para Dios no. Él sabe perfectamente lo que ha de ser mañana.

Y el drama del ser humano radica justamente allí que no es dueño de su futuro, bueno ni de su presente.

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