El bien y la adversidad

Dice la Biblia en Eclesiastés 7:14 “En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.”

En su estupendo poema “En paz”, el poeta mexicano Amado Nervo escribe:

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida, 
porque nunca me diste ni esperanza fallida, 
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; 

porque veo al final de mi rudo camino 
que yo fui el arquitecto de mi propio destino; 

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas, 
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: 
cuando planté rosales, coseché siempre rosas. 

…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: 
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno! 

Hallé sin duda largas las noches de mis penas; 
mas no me prometiste tan sólo noches buenas; 
y en cambio tuve algunas santamente serenas… 

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. 
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

 

Cuando Salomón escribe en el Eclesiastés sobre el día del bien y el día de la adversidad quiere invitarnos a reconocer que ambas circunstancias van a ocurrir en la vida de todos los seres humanos. Tanto una como otra hemos de enfrentarla siempre con la gracia y el favor de Dios.

La vida nos depara días de mucho bien y debemos disfrutarlos cabalmente, pero también nos esperan día francamente adversos. Nunca debemos olvidar que tanto unos como otros fueron hechos por Dios para evitar el enojo y reconocer que el futuro es un atributo exclusivo de nuestro buen Dios.

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