Combatir el mal con el bien

Dice la Biblia en Salmos 5: 8

“Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos; endereza delante de mí tu camino.”

David enfrentó múltiples enemigos. Desde los naturales como fueron los filisteos y todos los pueblos paganos a los que enfrentó para ensanchar el territorio de Israel, pero también los internos o de su nación como Saúl, Simei y hasta su propio hijo Absalón de tal modo que vivió bajo el fuego de quienes le detestaban y odiaban al grado de querer matarlo.

Ante esta situación David pidió a Dios que lo dirigiera. La dirección de Dios que David pedía era por el camino del bien. La palabra justicia tiene aquí el sentido de la piedad o de todo aquello que agrada a Dios. Es la conducta sujeta a los designios de Dios para bien vivir de acuerdo a su voluntad.

Cuando los enemigos aparecían, David suplicaba a Dios que lo dirigiera lo que nos permite entender que los odios y malas intenciones de nuestros adversarios no se resuelven combatiéndolos con sus mismas actitudes, sino con el bien. El mal que se combate con el mal termina destruyendo a todos.

De allí que David pedía que Dios enderezara delante de él su camino. En otras palabras le pedía que no lo dejara desviarse o que no lo dejara a merced de su inclinación maligna, sino que lo retuviera por todos los medios en la senda de bondad que Dios tiene. Solo de esa manera él podía enfrentar a los malvados.

Esta plegaria nos ayuda a comprender que ante nuestros enemigos la mejor alternativa es hacer el bien. De esa manera protegemos nuestra alma que es lo más valioso y de paso cuidamos nuestro cuerpo que si bien es importante, se desgasta día a día hasta que finalmente se consume. En tanto que nuestro ser interior es eterno.

Los enemigos aflorarán siempre hasta en las personas que uno menos sospecha. Esa es una verdad, dolorosa, pero verdad. Nuestra única opción será siempre caminar la senda del bien y la misericordia que Dios tiene trazadas para nosotros.

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