El peligro del esfuerzo inútil de la vida

Dice la Biblia en Eclesiastés 1: 3

¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?

Introducción

Esta fue la pregunta que taladró la mente de Salomón, el autor del libro de Eclesiastés. Para el sabio monarca esa interrogante necesitaba una respuesta y después de muchas observaciones y de ir una y otra vez a los hechos se contestó y de paso nos contestó a nosotros esta importante pregunta. La repite en 1: 22 y 3: 9.

La vida del hombre solo consiste en trabajar? La existencia humana se circunscribe o sólo tiene razón en laborar? Cuál es la razón de la subsistencia de los seres humanos? Cuál es el sentido de la vida? Son unas cuantas interrogantes que se desprenden de este cuestionamiento que Salomón hace.

Y el libro de Eclesiastés nos acerca a su reflexión sobre este planteamiento. A lo largo de doce capítulos el rey sabio nos ofrece sus meditaciones basadas exclusivamente en la experiencia de vida. El libro repite una y otra vez frases como “he visto”, “he conocido”, “vi” y “me volví otra vez” para hacernos conocer el método utilizado para sus observaciones.

La versión Dios Habla Hoy plantea una introducción todavía más inquietante que la versión Reina Valera 1960: “¿Qué provecho saca el hombre de tanto trabajar en este mundo?” y la versión Traducción al lenguaje actual todavía es más relevadora: “Realmente, en esta vida nada ganamos con tanto trabajar.”

La pregunta va dirigida en primer lugar al trabajo o empleo al que dedica su vida una persona, pero en una perspectiva más amplia, que es la que tiene el libro de Eclesiastés, la interrogante abarca a todas aquellas actividades humanas en las que se pone esfuerzo, fuerza o vigor.

El problema que tenemos frente a nosotros es grande porque el trabajo, el esfuerzo o vigor pueden no tener la recompensa esperada y eso nos llenará de frustración, enojo e ira al saber que todo lo que hicimos se escapó como una ave escapa hacia la nada o como un pez huye en la inmensidad del mar.

Y justamente en ese volumen de la Biblia, se ofrecen la actividades más recurrentes a las que el hombre dedica su tiempo en este mundo. Son de toda clase y la hacen pobres y ricos, por supuesto que en la medida de sus posibilidades. La frase trabajo con afán implica un esfuerzo desmedido puesto en una o varias actividades.

El peligro del esfuerzo inútil de la vida

I. Si se dedica solo al placer
II. Si se dedica solo a la riqueza
III. Si se dedica solo al trabajo
IV. Si se dedica solo al conocimiento
V. Si se deja a un lado a Dios

El peligro de la pregunta que hace Salomón al principio de su libro es grande. Toda una vida dedicada a hacer algo para que al final uno se de cuenta que no valió la pena es en verdad desastrosamente frustrante. Llegar a los últimos días solo para experimentar la sensación que todo lo que se hizo no tuvo sentido en verdad es muy triste.

De allí la importancia de unirnos a Salomón en esta pregunta. De cuestionarnos, justamente en estos días en que el fin de un año y el inicio de otro, si lo que estamos haciendo vale en verdad que le estemos entregando nuestra existencia o nuestro vigor. Para que al llegar nuestro corte de caja de ningún modo sintamos pesar por habernos equivocado.

I. Si se dedica solo al placer

Una de las primeras actividades a la que lo seres humanos dedican su vida es al placer. El propio Salomón tuvo esta experiencia según nos relata en Eclesiastés 2: 1-2 “Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Más he aquí esto también era vanidad. A la risa dije: Enloqueces; y al placer ¿De qué sirve esto?

El placer constituye el motor de vida de muchas personas porque consideran que han venido a este mundo a disfrutar de él. Han venido a la tierra a pasarla bien y de ningún modo dejarán pasar la oportunidad. Entonces beberán y comerán. Disfrutarán del sexo y los placeres que no necesariamente son físico. Todo lo que les produzca placer lo harán.

El hedonismo, como se le conoce a dejarse llevar por los sentido y solo disfrutar de los placeres se ha extendido vertiginosamente en todo el mundo. Los deportes, los espectáculos y toda clase de entretenimiento va dirigido exactamente a esa necesidad humana que para algunos es la única que existe.

II. Si se dedica solo a la riqueza

El tema de la riqueza es recurrente en el libro de Eclesiastés. El mismo Salomón es ejemplo de ello. El dice así en su obra: “Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras…y fui engrandecido y aumentado más que todos lo que fueron ante de mí en Jerusalén. (Eclesiastés 2: 8-9).

En Eclesiastés 6: 1-2 encontramos esta triste verdad: “Hay un mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres: El hombre a quien Dios da riquezas y bienes y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea, pero Dios no le da la facultad de disfrutar de ello, sino que lo disfrutan los extraños. Estos es vanidad y mal doloroso.”

Hay personas dedicadas a las riquezas, es decir cuya vida transcurre solo en hacer dinero a pesar de que como dice Eclesiastés 5: 12 “Dulce es el sueño del trabajador, como mucho, coma poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia.” Las personas dedican toda su existencia a enriquecerse. Es muy probable que al final se den cuenta que se equivocaron.

III. Si se dedica solo al trabajo

Hay personas que se dedican exclusivamente a trabajar. Viven para su trabajo. Respiran trabajo. No tienen tiempo ni para ellos mismos. La vida se les va en hacer y hacer. Su vigor vive bajo el dominio de su labor. No respetan ni sábados ni domingos. No conoce días de asueto ni días feriados.

El problema que plantea Salomón en este aspecto es el siguiente: “Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí. Y ¿quién sabe si se será sabio o necio el que se enseñoreará de todo mi trabajo en yo me afané y en que ocupé debajo de sol mi sabiduría? Esto también es vanidad. Eclesiastés 2: 18-19.

No es malo trabajar. Es un mandato de Dios que “el que no quiere trabajar, tampoco coma”, sin embargo aquí la idea es de alguien que ha entregado todo su vigor a solo trabajar, haciendo a un lado a Dios.

IV. Si se dedica solo al conocimiento

Hay personas que entregan su vida al conocimiento humano. Damos gracias a Dios por la vida de ellos porque muchos de sus trabajos han servido para ayudar a los demás, sin embargo también entre esta clase de personas corre el riesgo de que al final de su existencia se den cuenta que lo que hicieron les quedó a deber.

El conocimiento debe tener un fin para que realmente sirva. Salomón se ponía a pensar lo siguiente: “El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero también entendí que yo que un mismo suceso acontecerá al uno como al otro.” Eclesiastés 2: 14.

Cuando Pablo se enfrentó a los seguidores de los grandes pensadores griegos dijo una verdad que sigue vigente: El conocimiento envanece y el amor edifica. El conocimiento puede volver muy altivos a sus poseedores, pero sobre todo les puede jugar una muy mal pasada: al final descubrir que todo lo logrado no valió absolutamente nada.

V. Si se deja a un lado a Dios

Hacer a un lado a Dios o ponerlo en segundo o tercer término es la manera más segura de terminar frustrados al final de nuestros días. Una vida que ha hecho de sí misma lo que ha querido o ha deseado, sin considerar a Dios en ninguno de sus caminos llegará al corte de caja con una amargura propia de quien vivió solo para sí.

Todo lo que se haga sin considerar a Dios tiene como único destino el desencanto porque se descubre que en realidad había y hay otra manera de vivir la vida, haciéndose acompañar por Dios. El Eclesiastés previene a todos sobre aquellos días en los que digamos que no tenemos contentamiento de todo lo que hicimos.

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