Atrapar el viento: o mucho esfuerzo y ningún objetivo alcanzado

El libro de Eclesiastés tiene 12 capítulos y tiene 224 versículos en la versión Reina Valera. Los versos pueden variar según la versión que se use. En 9 versos de los 224 se repite la frase “aflicción de espíritu” generalmente acompañada de la expresión “vanidad” que es la palabra que más se repite en todo el libro.

Pero la expresión “aflicción de espíritu” encuentra su mejor traducción en la frase “atrapar el viento”. Así lo traduce la versión Dios Habla Hoy y la Biblia de Jerusalén. Mientras la Nueva Versión Internacional lo hace como “es correr tras el viento” que resulta mejor más que “aflicción de espíritu” o “ansiedad de espíritu” como hacen otras versiones.

Salomón usa esta frase nueve veces. Siete de ellas relacionadas con la palabra “vanidad” que es la expresión favorita del rey de Israel para señalar lo que ha resultado de observación del mundo.

“El verbo atrapar traduce un vocablo arameo que significa deseo, búsqueda o ambición. También hay aquí, probablemente un juego de palabras con un verbo hebreo que tiene un sonido semejante y significa “pastorear” o “apacentar”. De este modo de se pone de relieve una idea bien característica de Eclesiastés la falta de proporción entre los esfuerzos realizados y los resultados alcanzados.”

Esa desafortunada situación hace que “toda actividad humana sea como un intento de atrapar (o pastorear) el viento, es decir, de obtener un resultado que es en sí mismo inalcanzable.

Dicho lo anterior podemos adentrarnos a lo que nos hará parecer atrapar el viento o correr detrás del viento, es decir haciendo algo absurdo o sin sentido.

1. 1: 14 Miré todas las cosas que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.

2. 1: 17 Y dediqué mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y los desvaríos; conocí que esto aun esto era aflicción de espíritu.

3. 2: 11 Miré yo luego todas las obras que habían hechos mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.

4. 2: 17 Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.

En estos primeros cuatro versos, Salomón retrata su propia experiencia. Querer atrapar el viento fue su experiencia. A esa conclusión que llegó cuando hizo una revisión de todo lo que había sido su vida entregada a buscar la sabiduría. Una existencia a la que le había dado todo el placer y riqueza que se puede aspirar.

Nadie como Salomón para decirnos que es vanidad y correr tras el viento. Un hombre con 700 esposas y 300 concubinas con una riqueza incalculable y una sabiduría legendaria y reconocida por propios y extraños se percató que todos sus logros eran vanidad y querer atrapar el viento, es decir el esfuerzo nunca compensó lo que alcanzó.

5. 2: 26 Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; más al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

Salomón comienza a partir de este versículo a retratar como el esfuerzo de algunas personas puede ser totalmente en vano. Ese es el caso de los pecadores y quienes desagradan a Dios que pueden recoger y amontonar solo para darlo a quienes agradan a Dios para ellos su destino es correr tras el viento.

Las riquezas de los injustos para los justos lo encontramos en los libros de Job y Proverbios. Job 27: 16-17 y en Proverbios 13: 22. Esa es quizá lo más terrible que le puede suceder a un hombre que su fuerza venga a beneficiar a otros para quienes jamás imaginó.

6. 4: 4 He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

El esfuerzo de las personas no siempre es bien recibido. Cuando una persona se dedica a hacer su labor con empeño y excelencia en lugar de felicitaciones lo único que recibirá es la envidia de los demás. Para Salomón es un esfuerzo cuyos resultados no necesariamente son los que espera quien los hace.

Esto es muy parecido a lo que le sucedió a José con sus propios hermanos. Su capacidad de interpretar los sueños provocaron no el reconocimiento sino al contrario la envidia de su propia familia. Salomón dice que esa es una forma de correr apresuradamente detrás del viento.

La idea de Salomón al decirnos estas palabras no es la de desanimarnos de hacer las cosas con eficiencia, sino más bien nos previene que no necesariamente eso tendrá la aprobación y aplauso de nuestros semejantes.

7. 4: 6 Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu.

Nada más claro para representar a alguien que correr tras el viento que una persona que ha perdido el balance entre el trabajo y el descanso. Salomón dice que más vale poco con tranquilidad que mucho con fatiga o que más vale gozar del descanso cuando una mano esta llena que el tormento de llenar la otra mano.

La Biblia llama al contentamiento, a la moderación, al equilibrio y al balance a la hora de trabajar. Siempre será un despropósito el afán y la ansiedad.

8. 4: 16 No tenía fin la muchedumbre del pueblo que le seguía; sin embargo, los que vengan después tampoco estarán contentos de él. Y esto también es vanidad y aflicción de espíritu.

Aquí Salomón pone un ejemplo de los reyes y gobernantes. El desencanto popular después de un entusiasmo pasajero es un hecho cotidiano que ocurría desde esas épocas y que hoy sigue ocurriendo. Lo interesante es que el esfuerzo que se hace por llegar a posiciones de poder no siempre tendrán la recompensa que se busca.

9. 6: 9 Más vale vista de ojos que deseo que pasa. Y también esto es vanidad y aflicción de espíritu.

Una traducción más aceptable o más clara de este verso nos la da la Biblia Dios Habla Hoy que dice: “Vale más lo que uno ve que lo que se imagina. Pero esto también es vanidad y querer atrapar el viento.”

Este texto parece llevarnos a pensar que lo más conveniente es aprovechar las oportunidades que están al alcance de la mano, sin dejarse arrastrar por deseos ilusorios o inalcanzables.

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