Salmo 92: La alegría de dedicarle a Dios un día de la semana

Introducción

El salmo 92 es un salmo que se canta, recita, reza, repite y medita el día del Shabat o día de descanso del pueblo judío. Fue compuesto para usarse en esa festividad que los hebreos celebran cada semana en sus casas y en el templo –cuando existía— y ahora en las sinagogas.

Para comprender su profundidad los lectores modernos deben comprender cabalmente el significado del día de reposo. Bajo ese concepto podremos descifrar y entender las verdades que en los 15 versículos que la versión Reina Valera 1960 le da al salmo. La versión hebrea de este cántico tiene 16 versos porque la inscripción inicial cuenta como un versículo.

El shabat constituye una de las principales celebraciones de los israelitas. Forma parte de los 10 mandamientos que Moisés recibió inicialmente en las dos tablas de piedra que le dio el Señor en Monte Sinaí. El shabat es milenario. Se practicó en Jerusalén siempre y durante el exilio formó parte esencial del ser y quehacer judío.

Algunos estudiosos sostienen que precisamente el salmo fue compuesto en uno de los tantos exilios judíos en la antigüedad, pero la evidencia interna no nos permite afirmar una idea de ese tamaño, aunque tampoco se puede desechar totalmente puesto que el shabat se convirtió en columna de la identidad de los hijos de Abraham fuera de Israel.

El salmo solo nos da cuenta de que fue utilizado para la celebración del séptimo día, ni autor ni fecha tenemos de la pequeña inscripción que tiene al inicio. El salmo tiene una clara vocación para adorar a Dios todo el día. La frase “anunciar por la mañana tu misericordia y tu fidelidad cada noche” nos demuestra que la celebración era todo el día.

El pueblo de Dios estaba y está llamado a dedicarle un día completo al Señor, tal como lo señala el cuarto mandamiento: Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que esta dentro de tus puertas.”

“Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposo el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.” Éxodo 20: 8-11.

Ninguno de los diez mandamientos tuvo tantas explicaciones como el cuarto. En otras palabras Dios diseñó el séptimo día como el instrumento para conducirse a su pueblo a reposar, descansar y detener sus actividades, pero no para dedicarse al ocio o la disipación, sino para encontrarse con su Creador.

Desde esa perspectiva el salmo 92 constituye uno breve manual para saber justamente que hacer o como vivir ese día. Es un recordatorio constante que el pueblo de Israel tenía seis días para dedicarse a todas sus demás actividades, pero tenían la obligación de tomar un día a la semana para entregarlo al Señor.

Hoy en día, los judíos practicantes mantienen el shabat como practica común. Por la noche del viernes, después o inmediatamente después de la puesta del sol, la esposa y las hijas hacen el encendido de velas o luces para dar paso a la ceremonia familiar que termina con una rica cena. Al día siguiente se dirigen a la sinagoga a aprender la Escritura.

El día de reposo de los hebreos termina justamente a la puesta del sol del día sábado y así reanudan sus actividades “mundanas” o “terrenales”. Por supuesto que hay judíos que no celebran el shabat y para ellos el día de reposo es intrascendente. Esa es una verdad que debemos tener presente, pero hay un inmensa mayoría que si lo hace.

El salmo 92 plantea algunas interrogante para la iglesia. ¿Debemos sumarnos para guardar un día para el Señor? ¿El sábado se convirtió en domingo? ¿Debemos guardar el sábado y celebrar el shabat? ¿Con qué nos quedamos del salmo 92? ¿Qué si aplica para nosotros y qué no?

Una primera respuesta la podemos obtener del primer concilio que hicieron los apóstoles en Jerusalén. En el libro de Hechos 15 se nos relata la discusión que ocurrió durante los primeros días del cristianismo. Se discutió que de la Ley los gentiles debían observar y que no. El resultado fue que solo estaban comprometidos a cuatro cosas:

Abstenerse de la idolatría, rechazar los pecados sexuales, evitar comer sangre y abstenerse de consumir animales que no hubieran sido desollados y solamente hubieran sido ahogados para su consumo. Del día de reposo nada se dijo. Pablo comenzó a reunirse con los cristianos el primer día de la semana y desde entonces el domingo es día de reunión.

En la 1ª carta a los Corintios 16: 2 encontramos a Pablo señalando como el día que se debían recoger las ofrendas. La iglesia primitiva celebró la resurrección de Cristo reuniéndose justamente el día en que resucitó.

El día de descanso o día de reuniones separó definitivamente el judaísmo del cristianismo. Los judíos se reúnen los sábados y los cristianos el domingo. Además del día hay una gran diferencia entre ambos: el judaísmo se congrega todo el día sábado. El cristianismo una sola vez. El cristianismo incluye reuniones entre semana.

El salmo 92 nos lleva a todas estas reflexiones. Evidentemente no pasaremos nuestras reuniones al día sábado, pero los principios que contiene nos sirven para normar nuestra manera de relacionarnos con Dios a la hora de pensar en nuestras reuniones como iglesia.

El salmo 92 tiene una estructura sencilla, pero profunda. Por una parte es un llamado a adorar a Dios durante el día de descanso, pero luego se abre paso para hacer una distinción amplia entre los impíos y los justos. Esta diferenciación surge de quienes guardan el día de descanso y quienes no.

En el salmo se respira una profunda meditación y una santa convocación para una intensa reflexión sobre las obras de Dios. Sobre su creación. Sobre sus pensamientos que se hacen claramente visibles en todo lo creado. El insensato no entiende eso. El día de reposo nunca debe ser una carga, sino una invitación de Dios para celebrarla con alegría.

En palabras sencillas el salmo 92 es al día de reposo las recomendaciones que se hacen para pasarla bien en un museo cuando se visita. Son las reglas para disfrutar uno de los diseños más sabios que Dios nos dejó. Descansar en él junto a aguas de reposo para que reconforte nuestra alma y nuestro cuerpo se vea beneficiado.

La alegría de dedicarle a Dios un día de la semana

I. Con la actitud correcta
II. Para reconocer sus obras
III. Porque los impíos nunca lo harán
IV. Porque nos bendice abundantemente

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