Trato diferenciado

Dice la Biblia en Éxodo 7: 3

«…y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas.»

Las plagas de Egipto tuvieron múltiples propósitos. Aquí algunos. Mostrar el poder de Dios. Demostrar su dominio absoluto sobre su creación. Endurecer el corazón del Faraón, gobernante de esa nación y presentarse ante los judíos como el Dios Todopoderoso que acudía en su auxilio.

Fueron 10 plagas: 1. De sangre, 2. Ranas, 3. Piojos, 4. Moscas, 5. La muerte de ganado, 6. Úlceras, 7. Granizo, 8. Langostas, 9. Tinieblas y 10. Muerte de los primogénitos, que Faraón equivocadamente quiso detener llamando a sus hechiceros en cada una de ellas porque pensaba que era un embrujo o un encanto ordenado por Moisés y Aarón.

Es de llamar poderosamente la atención que en cada una de las 10 plagas, sólo los egipcios las padecían en virtud de que los hebreos eran preservados por Dios para que ninguno de los azotes pasaran por su casas o sus propiedades, en una muestra palpable del trato diferenciado que Dios dispensa a sus hijos.

De acuerdo a los rabinos judíos un ejemplo claro de este trato diferenciado de Dios lo encontramos cuando el río Nilo se convirtió en sangre los egipcios buscaron por todos los medios agua para subsistir, en tanto que el pueblo de Israel siempre contó con ese líquido en sus casas.

En Éxodo 10: 22-23 encontramos este ejemplo del cuidado de Dios con su pueblo: “Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, por tres días. Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; más todo los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones.”

Las diez plagas de Egipto sirvieron y sirven para mostrarnos a Dios que es sumamente compasivo con su pueblo, pero duro con aquellos no solo lo rechazan sino que se oponen abiertamente a sus mandamientos. El Faraón se consideraba un dios en si mismo. La última de las plagas que fue la muerte de los primogénitos le demostró que era un simple mortal.

El trato diferenciado de Dios es estremecedor. Por una parte se muestra tierno y compasivo con sus hijos, pero por otro lado manifiesta su ira y su ardor ante los malvados e impíos que se resisten en reconocerlo. Es una manifestación clara y contundente que “caerán a tu lado mil y diez mil a tu diestra, más a ti no llegará.”

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