Introducción a las diez plagas

Las 10 plagas de Egipto representan la irrupción poderosa de Dios en la historia del pueblo de Israel para manifestar su carácter, presentarse ante el mundo como el Dios sobre todos los dioses, mostrarse a la nación egipcia como el conductor de la historia y revelarse a su pueblo como su Dios y Señor Todopoderoso que domina la creación absolutamente.

El mismo había prefijado el tiempo que los israelitas estarían allí. Él los había conducido allí para preservarlos usando la vida de José, quien fue después de Faraón el hombre más importante de Egipto y ahora quería sacarlos de allí de una manera tan prodigiosa para que nunca lo olvidarán.

De hecho su salida de Egipto marca el inicio de su calendario. Nisán es el primer mes hebreo (Éxodo 12: 1-2) y fue justamente cuando ocurrió la última plaga que permitió liberar a los judíos de su esclavitud después de más de 400 años de servir a los egipcios quienes los maltrataron y les hicieron amarga su existencia.

Las 10 plagas mostraron el carácter de Dios: su benevolencia con su pueblo y la dureza con la que trata a todos aquellos que en lugar de reconocerlo se sumen en su orgullo y altivez, que en lugar de humillarse ante su presencia se refugian en su empecinado corazón para oponerse a su voluntad.

El Dios de Abraham, Isaac y Jacob se presentaba al mundo y tenía que hacerlo de una manera formidable, de una manera que no cupiera la menor duda de que lo sostiene con misericordia y con justicia. Amor que mostró y demostró a su pueblo al darle libertad y justicia con la que juzgó severamente al pueblo de Egipto castigando su idolatría y maldad.

La decena de azotes que infringió a los egipcios tenía también como propósito revelarse como el Dios de dioses y Señor de señores. Cada una de ellas tenía como destino ridiculizar las divinidades de Egipto.

  1. Sangre Hapi, dios asociado a la crecida del Río Nilo.
  2. Ranas Heqet, diosa de la fertilidad, representada como rana
  3. Piojos Hathor, esta era una diosa asociada con la belleza
  4. Moscas Shu, dios del aire
  5. Ganado (muerte) Apis, dios de la fertilidad, asociado con el toro
  6. Úlceras Sekhmet, diosa de la metafísica, conocimiento
  7. Granizo Geb, dios creador, el principio de la vida
  8. Langostas Serapis, dios de la abundancia
  9. Tinieblas, Ra, dios del sol
  10. Primogénitos, Faraón se consideraba dios

Cada una de las plagas tenía como objetivo central escarnecer a los dioses egipcios. Cada uno de ellos gozaba o contaba con sacerdotes, hechiceros y encantadores. Cuando ocurrió la plaga de sangre los hechiceros intentaron hacer lo mismo. Éx. 7:22 y de igual modo lo hicieron en la de ranas Éx. 8: 3, en la de mocas Éx. 8:14 y en la de las úlceras Éx. 9: 11.

En ninguno de los casos sirvió para nada. Ni sus encantos ni sus hechicerías sirvieron para defender a los egipcios. La última plaga fue la más letal y la que terminó por liberar a Israel. En Egipto Faraón se consideraba un dios. Pero ni con todo su poder pudo salvar a su hijo primogénito, quien también murió esa noche con miles de primogénitos egipcios.

Dios se presentaba como el único Dios verdadero. Como el único Dios con poder por encima de cualquier dios creado por los propios hombres. De allí la importancia de recordar siempre la forma en que Dios sacó a su pueblo de Egipto. Las diez plagas no era simplemente mostrar el poder por mostrarlo. Fue para demostrar que fuera de Dios no hay nada, ni nadie.

Esta verdad fue presentada con un fundamento o un argumento irrebatible: Dios tiene dominio absoluto sobre su creación. La creación tiene un perfecto equilibrio en sus seres y plantas, en sus ríos y sus mares y en los cielos y la tierra. Ese equilibrio fue una idea divina y la sustenta diariamente.

Cuando a él así le place ese orden se trastoca y propicia una serie de situaciones y circunstancias contra las que el hombre no puede batallar. Es imposible enfrentar los cambios y mutaciones que Dios hace. Cuando la Escritura dice que “del Señor es la tierra y su plenitud” lo que está diciendo es que él es dueño absoluto de su creación.

Nada ni nadie puede abrogarse este derecho y esta prerrogativa. Faraón y sus dioses pensaba que lo podía hacer. Dios le demostró que este mundo tiene un dueño y un gobernante que establece los tiempos y las edades, que cambia cuando así lo decide, lo que quiera cambiar.

Faraón se obstinó. Endureció su cerviz. Pensó que podía enfrentar a Dios, pero el resultado fue una derrota estrepitosa y vergonzosa.

Las diez plagas de Egipto constituyen el primer tiempo, periodo o época de grandes milagros de parte de Dios para exhibir de manera categórica quien es el Amo de este mundo, quien lo gobierna con inteligencia.

El estudio de las 10 plagas tiene como objetivo central recordarnos quien es el Dios que seguimos. El Dios de Abraham, Isaac y Jacob se introduce en la historia de su pueblo para salvarlo y para rescatarlo de las garras de la maldad, pero sobre todo quiere enseñarle a confiar absolutamente en él.

La virtud del estudio de las 10 plagas consiste precisamente en acercarnos a ese Dios que trató de esa manera a Egipto, pero que fue condescendiente con su pueblo. Para amarlo más, para recordar que su brazo fuerte nadie lo puede vencer y para recordar día a día que nunca dejaremos de ser su amado pueblo.

A lo largo de estos tres primeros meses del año, si Dios nos presta vida, estaremos plantados en Egipto mirando con los ojos de la fe todo lo que el Señor hizo para sacar a su pueblo de esa nación pagana para aprender cómo Dios se manifiesta y como obra su inmenso poder a favor de los suyos.  

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