Confianza en la palabra de Dios

Dice la Biblia en Salmos 119: 138

“Tus testimonios que has recomendado, son rectos y muy fieles.”

Una de las acusaciones más comunes que se hacen a los lectores y estudiantes de la Escritura es el hecho de leer un libro tan vetusto y antiguo junto con la crítica de confiar en un escrito tan longevo, verdades que son ciertas, pero que tienen una respuesta sencilla.

Psicólogos, educadores y filósofos citan con una vehemencia y absoluta seguridad los escritos de Platón y Aristóteles y jamás ponen en duda que lo que citan o dicen proviene de manuscritos muy antiguos, algunos de los cuales tienen muy pocas copias para cotejar su confiabilidad.

Es una fe casi ciega en manuscritos de los cuales por supuesto que se puede poner en tela de juicio su autenticidad, pero nadie hace eso con esos escritos. Cuando se argumenta que la Biblia es muy antigua y como se puede confiar en ella es muy sencillo hacerlo. Israel el pueblo de Dios está allí. El territorio judío está allí pletórico de ciudades mencionadas en la palabra de Dios.

Ningún otro libro como la Biblia, que tiene miles de manuscritos antiguos, puede ofrecer tantos lugares donde ocurrieron los suceso de los que habla. Allí esta Egipto, Babilonia, Roma e Israel. En ese sentido es el libro más confiable que puede existir sobre la tierra porque la historia que relata ocurrió en lugares que siguen allí, no todos, pero si la mayoría.

En múltiples discusiones sobre la veracidad de las afirmaciones de la Escritura que se me ha hecho a lo largo de los años y cuando se me ha pedido que se presente el por qué de mis convicciones sobre el texto de la palabra de Dios siempre he dicho que no hago nada diferente a quienes citan libros antiguos. Solo que la Biblia se distingue porque todo lo allí anunciado se ha cumplido.

En ese sentido podemos compartir con el salmista nuestra plena confianza en que los mandamientos de Dios estipulados en ese libro sagrado son rectos y muy fieles. No cambian ni se mutan. Desde que Moisés recibió los diez mandamientos en el monte Sinaí así han permanecido y así permanecerán.

Podemos depositar, entonces, toda nuestra confianza en Dios porque su palabra es digna de nuestra absoluta confianza.

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