Ilumina tu vida: desecha la codicia

Mateo 7: 22-23

 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; 23 pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?

Introducción

Entre un llamado a hacer tesoros en los cielos y la afirmación categórica que un hombre no puede servir a dos señores, Cristo señala el origen de la ambición desmedida por el dinero y lo hace utilizando una figura retórica llamada metáfora. La metáfora es una manera de referirse a algo sin nombrarlo.

Usando ese método Jesús dice: La lámpara del cuerpo es el ojo. Lo que uno mira es lo que uno desea. Y en el caso de las riquezas que es el contexto donde Jesús utiliza esta expresión queda claro que nuestros problemas con el dinero en particular procede de lo que miramos.

Nuestra existencia en relación con las riquezas, los tesoros y el dinero es dirigida propiamente por lo que nuestros ojos ven. La codicia se produce justamente por ese sentido. La vista nos juega muchas malas pasadas porque cuando vemos algo y lo deseamos contaminamos todo nuestro cuerpo.

Jesús quiere enseñarle a sus discípulos esta verdad para prevenirlos de lo maligno que puede resultar dejarnos llevar por lo que nuestros ojos ven, particularmente con todo lo que trae consigo la abundancia material y para ello emplea el ejemplo de la lámpara. Los ojos son lámpara del cuerpo. Lo que vemos es lo que deseamos.

  1. La generosidad ilumina nuestra existencia

En los versos anteriores Jesús le dijo a sus discípulos que era mejor hacerse de tesoros en el cielo que en la tierra. Con ello les dio a entender que la riqueza tiene solo una buena razón de existir o poseerse si se utiliza para ayudar a los necesitados. Para entender esto tenemos que ir a Mateo 19: 21.

“Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.”

Ayudar a los menesterosos ilumina la existencia de las personas. Les da luz y les proporciona claridad en su existencia. Este mundo esta lleno de oscuridad. Su príncipe o su gobernante se le llama el príncipe de las tinieblas en una clara alusión de la forma en que gobierna el mundo.

32 No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.33 Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. 34 Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Lucas 12: 32-34.

El relato de Lucas 19: 1-10 nos lleva a considerar seriamente las palabras que Cristo utilizó para hablar sobre la luz y la oscuridad que produce el manejo de nuestras riquezas o tesoros de la tierra.

La generosidad con el necesitado es la primera expresión del amor de Dios. Quien ha conocido a Dios experimentará esta actitud de manera natural porque él mismo ha sido objeto del amor de Dios. El ha recibido y en consecuencia dará. Le será fácil comprender la verdad espiritual y paradoja mental: Es más bienaventurado dar que recibir.

Dar al necesitado es el gran testimonio de conocer a Dios. El cristiano da porque ha recibido. No da para recibir más, que puede ser posible, pero su intención es dar porque ha recibido.

2. La codicia oscurece nuestra existencia

Hay decenas de ejemplos de cómo la codicia destruyó a personajes mencionados en la Escritura:

a. La historia de Giezi, el criado de Eliseo relatada en 2 Reyes 5: 15-27. No tenía necesidad de obtener nada de lo que el general asirio Naamán le había ofrecido a Eliseo, pero su ambición y codicia hizo que tomara algo que no le correspondía y le resultó muy caro.

b. La historia de Acán, un integrante de la tribu de Judá que codició un manto babilónico, 200 siclos de plata y un lingote de oro que no debió tomar cuando se conquistó Jericó porque pertenecía al tesoro del Señor y fue castigado severamente, según nos relata Josué 7: 16-26.

Cristo dijo que si el ojo es maligno todo el cuerpo estará lleno de tinieblas. La existencia que transcurre solo en codicias es una vida completamente cegada. Es una vida donde lo material es lo más importante y se vive exclusivamente para alimentar la avaricia y deseo material de las personas.

El ojo malo lo encontramos mencionado en Deuteronomio 15: 9 en relación directa con la avaricia y falta de generosidad y ese es el sentido en que lo usó Jesús y resaltó que si la posibilidad de tener luz con la generosidad, la persona la convierte en avaricia, entonces tendrá una gran tiniebla.  

La avaricia es contraria a la generosidad porque es el egoísmo y la codicia de solo tener para sí mismo. Esa es una vida de tinieblas e iniquidad.

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