Escoge a quien servir: Elige a Dios, rechaza las riquezas

Mateo 6: 24

24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Introducción

El tema de las riquezas, el dinero, los tesoros y los bienes materiales ocupó un lugar predominante en el Sermón de la montaña. Más de la mitad del capítulo seis esta dedicado justamente a ese asunto porque es un aspecto importantísimo en la vida espiritual.

En una cultura como la judía donde hacer negocios ha formado y forma parte de su ser y quehacer, dejar en claro las directrices que han de guiar a los discípulos resultaba importante y Jesús dejó muy en claro lo que esperaba de sus seguidores con respecto a las riquezas.

Como recordamos en los estudios anteriores, Cristo les ha pedido que ayuden a su prójimo necesitado. Que lo hagan sin hacer alarde. También les ha pedido que hagan tesoros en el reino de los cielos y no cierren su corazón a las necesidades de los demás y ahora remata con una primera conclusión sobre el tema.

Escoge a quien servir: Elige a Dios, rechaza las riquezas

  1. Para que no lo aborrezcas
  2. Para que lo ames

Síntesis

Para ilustrar esta verdad, Jesús recurrió a una breve y sencilla parábola: la del siervo que no puede servir a dos amos al mismo tiempo. No solo quedaría mal con alguno de ellos, sino que definitivamente a uno de ellos aborrecería y a otro lo amaría. El problema de la disyuntiva de Dios y las riquezas es que no se puede quedar bien con los dos.

Un esclavo no podía quedar bien con dos amos porque su mayor esfuerzo siempre lo pondría con alguno de los dos. Por más que quisiera era imposible que laborara para ambos con el mismo vigor. La diferencia de su labor con ambos habría de señalar donde estaba su verdadero interés.

En la época de Jesús era común encontrar criados y siervos que servían a sus señores. Pero todos ellos se contrataban con uno solo. Nadie lo hacía con dos porque definitivamente terminaría fallándole a alguno de los dos. Ese ejemplo lo utiliza Jesús para abordar un tema sumamente delicado para la vida espiritual.

Delicado porque el hombre puede volver las riquezas en su dios. El dinero se puede convertir en la razón de su existencia. Los judíos suelen decir que los tesoros son malos amos, pero grandes servidores. Los bienes materiales esclavizan y pueden terminar con la vida de las personas.

1. Para que no lo aborrezcas

Quien ama las riquezas aborrece a Dios. Ese es el primer resultado de hacer del dinero nuestro Señor. En automático las personas que colocan como prioridad de su existencia hacerse de bienes materiales, desplazan a Dios del primer lugar que le corresponde y lo ubican como un asunto sin relevancia.

Las riquezas se vuelven tan prioritarias en la vida que arrojan a Dios lejos de la vida de quienes tienen como única finalidad en esta tierra acrecentar su patrimonio. Las palabras que dirige Jesús en este verso no están dedicadas a quienes buscan su sustento diario con esfuerzo y dedicación, sino a aquellos que viven para hacer dinero.

Para mejor entender este verso es indispensable dirigirnos a Santiago 5: 1-6.

!!Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros.

He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos.Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia.

La riqueza que condena la Escritura es aquella que tiene un origen injusto y un destino equivocado. El dinero que se obtiene con el dolor y sufrimiento de otros es catalogado aquí como riqueza injusta. Y el dinero que solo sirve para el placer es definido como riquezas para deleites.

2. Para que lo ames

Liberados de la atadura de las riquezas los hombres pueden amar a Dios incondicionalmente. Los bienes han dejado de someterlos a sus caprichosos e insanos deseos y de una manera sencilla y limpia se pueden acercar a Dios para servirle con todo su corazón.

Amar a Dios constituye el primer y más grande mandamiento. “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas…”, dice Marcos 12: 30.

Cuando las riquezas se entrometen en el corazón de los creyentes el amor a Dios queda desplazado. Pero cuando las riquezas se hacen a un lado, entonces el amor a Dios crece día con día.

Amar a Dios implica, entonces, despreciar las riquezas. Jesús quiso dejar en claro que eran y son incompatibles el amor a Dios y el amor a las riquezas y en esa disyuntiva será siempre mejor amar a Dios porque siempre recompensa.

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