Séfora y Moisés: La esposa salvando la vida del esposo

Dice la Biblia en Éxodo 4: 25

“Entonces Séfora tomó un pedernal afilado y cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies diciendo:A la verdad tu me eres esposo de sangre.»

Podría parecer imposible, pero en una ocasión Dios quiso quitarle la vida a Moisés. A aquel que había preservado la vida en medio de la mortandad decretada por Faraón para todos los niños en Egipto y quien fue salvado de las aguas milagrosamente para liberación del pueblo de Israel estuvo a punto de perecer a manos de Dios.

El libro de Éxodo relata esta historia cuando Moisés sale de Madián para dirigirse a Egipto. En el trayecto Dios se le aparece en una posada a Moisés y le quiere quitar la vida. Moisés había fallado en circuncidar a su hijo, pero allí aparece su esposa Séfora quien circuncida a su hijo y lo pone a sus pies.

Séfora y Moisés habían tenido dos hijos, Gersón y Eliezer. Los sabios judíos dicen que fue el segundo hijo al que no se había hecho la circuncisión y por eso Dios ordenó la desaparición física de Moisés.

Séfora amaba a Moisés. Su sensibilidad espiritual hizo que de inmediato procediera a ser ella misma quien se encargara de cumplir ese mandato que Dios le había dado a Abraham como señal del pacto que establecía Dios con los descendientes del primer patriarca y padre de la nación hebrea.

Esta pareja es un ejemplo de que el amor genuino entre los consortes busca siempre lo mejor del uno para el otro. La clase de amor que se desarrolla entre los esposos es protector. El esposo y la esposa se protegen recíprocamente. En esta ocasión le tocó a Séfora cuidar de Moisés.

Séfora no dejó morir a su esposo. Presurosa y apurada cumplió con una ordenanza que Dios había dado siglos antes para preservar la vida de su amado consorte. El esposo nunca debe sentirse autosuficiente. Necesita a su esposa. A veces ella le salvará la existencia.

 

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