Como en los días de Noé

Dice la Biblia en 2ª de Pedro 3: 6

“por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua.”

El regreso de Cristo servirá para renovar la creación. La creación ya fue renovada una vez. Ocurrió con el diluvio. De hecho ese acontecimiento se asocia con el retorno del Señor. Él volverá justo cuando el mundo viva como en los días de Noé cuando la gente se casaba y daba en casamiento y la violencia era pan de cada día y la corrupción moral rebasaba todo límite.

El diluvio se convirtió en la forma en que Dios destruyó a la humanidad de la generación de Noé debido a que la maldad era lo único que había en el corazón de todos los hombres de esa era y su conducta era pervertida y obscena delante del Señor que no tuvo más remedio que castigar a todos.

El apóstol Pedro trae a la mente de sus lectores ese suceso para recordarles a todos que el retorno de Cristo servirá para juzgar a la humanidad que rechaza el amor de Dios y que se opone a todo lo que Dios ha establecido para llevar una vida piadosa delante de su presencia.

Para muchas personas el diluvio fue una injusticia porque murieron miles de seres anegados, pero quienes así piensan pasan por alto que el arca de Noé tardo mucho tiempo en construirse y en todo ese tiempo Noé les predicó la forma en que podían salvarse. El Nuevo Testamento lo llama pregonero de justicia.

El problema que la generación tuvo es que nunca había llovido y un diluvio era un verdadero disparate para todos. Lo mismo que ocurre ahora cuando el cristianismo anuncia el retorno de Cristo a muchos les parece una locura, pero aunque les parezca así el hecho sucederá como ha sucedido con todas las promesas de Dios.

Solo que ahora el mundo no será anegado con un diluvio, sino que la transformación de este mundo será por otro medio que el Señor mismo le anunció a sus seguidores: mediante el fuego.

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