Hombres de poca fe

Dice la Biblia en Mateo 17: 20

“Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuvieres fe como un grano de mostaza, diréis a este monte pásate…”.

En el evangelio de Mateo al menos en tres ocasiones Jesús ocupa la frase “hombres de poca fe”. Lo hace en Mateo 6: 30, 14: 31 y 16: 8. Jesús quiso que sus discípulos desarrollaran rápidamente su fe y confianza en él. A diferencia de nosotros, si bien no eran unos expertos en la Escritura, conocían de la fe de Abraham, el patriarca. Pero fue difícil el proceso.

En Mateo 6: 30 Jesús los llama “hombres de poca fe” debido a que ponen en duda la capacidad de Dios para sustentarles con la comida, la bebida y el vestido. Desconfiar en su provisión divina, poner en entredicho su poder para dotarlos de los bienes necesarios que requieren para subsistir convierte a sus seguidores en hombre con fe diminuta.

En el caso de Mateo 14: 31 Jesús le dice a Pedro “hombre de poca fe”. Y le dice así porque cuando Pedro ve que Jesús camina sobre el mar, le dice: “Señor, si eres tu, manda que yo vaya a ti sobre las aguas”. Lo que en efecto ocurre, pero justo cuando lo comienza a hacer un fuerte viento sacude el mar de Galilea y Pedro tiene miedo, duda y se hunde.

En Mateo 16: 8 Jesús les vuelve a decir a sus apóstoles, “hombres de poca” debido a que se les había olvidado el pan que debían llevar para su consumo al recorrido que hacían con Jesús en Israel. Ante este pensamiento Jesús les reprocha no recordar como con unos cuantos panes y peces había alimentado multitudes.

Jesús usó la frase “hombres de poca” para llamar la atención de sus seguidores. La primera característica que quería y quiere desarrollar con sus discípulos es una confianza absoluta, total, sin el menor asomo de duda de que él siempre habrá de proveer para sus necesidades con la única condición de depende de él.

Esta más que claro que Jesús desea que quien le siga desarrolle su fe de tal manera que ante cualquier situación o problema que se le presente aflore siempre en primerísimo lugar su confianza de que Dios siempre tendrá una salida o una solución y en consecuencia viva de una manera tranquila, sin afán y sin ansiedad.

Conociendo a sus apóstoles, Jesús trabajó con ellos este defecto que todos tenemos de desconfiar en él y lo hizo de tal manera que tiempo después con la sombra de Pedro los enfermos se sanaban. Habían pasado de ser hombres de poca fe en personas completamente seguras en quien habían creído.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: