La plaga de los piojos: Cuando Dios exhibe la incapacidad del ser humano

Dice la Biblia en Éxodo 8: 16-19

16 Entonces Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Extiende tu vara y golpea el polvo de la tierra, para que se vuelva piojos por todo el país de Egipto. 17 Y ellos lo hicieron así; y Aarón extendió su mano con su vara, y golpeó el polvo de la tierra, el cual se volvió piojos, así en los hombres como en las bestias; todo el polvo de la tierra se volvió piojos en todo el país de Egipto. 18 Y los hechiceros hicieron así también, para sacar piojos con sus encantamientos; pero no pudieron. Y hubo piojos tanto en los hombres como en las bestias. 19 Entonces los hechiceros dijeron a Faraón: Dedo de Dios es éste. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho.

Introducción

La tercera plaga que azoto a Egipto fue la de los piojos. Seres extremadamente diminutos que cayeron tanto en hombres como animales que sufrieron la picazón y extracción de sangre que hacen estos insectos que en cantidad de miles y miles provocaron muchos malestares e incomodidades a los egipcios.

A diferencia de las dos anteriores señales –sangre y ranas– en la de los piojos no hubo advertencia previa al Faraón. Llegó de manera imprevista sin que el gobernante egipcio supiera o conociera que habría de venir esta clase de mal que de nueva cuenta llenó la tierra de Egipto.

Pero al igual que las dos plagas anteriores de nueva cuenta vemos la activa participación de los hechiceros. En la priemera ellos convirtieron en sangre el agua y en la de ranas, ellos con sus encantamientos pudieron hacer brotar del río ranas, pero en el caso de los piojos no pudieron hacer absolutamente nada.

Por más que le intentaron fallaron al tratar de agradar al Faraón mostrándole que esa señal era fácil de imitar con su magia y hechicería y al fracasar no tuvieron más remedio que reconocer que esa plaga era una manifestación del poder del Dios de los hebreos. Una manifestación formidable e inigualable.

Ellos es su poco o nulo entendimiento le adjudicaron el milagro al “dedo de Dios”. Tal vez llevados por el tamaño de los piojos o porque hablaron proféticamente ya que esa expresión fue utilizada luego en tres ocasiones diferentes. “El dedo de Dios” lo encontramos en la inscripción de las tablas de la ley (Ex. 31: 8 y Dt. 9:10).

También la encontramos en el Salmo 8: 3 que dice: “Cuando veo los cielos obra de tus dedos..” y en el Nuevo Testamento lo encontramos también en Lucas 11: 20 cuando Cristo se refiere al poder de Dios para expulsar fuera demonios.

El dedo de Dios pertenece a la fraseología o expresiones relacionadas como “la diestra del Señor”, “el brazo fuerte Jehová” o “la mano de Dios” que se utilizan para referirse al poder omnipotente de Dios para llevar a cabo sus planes y propósitos en la historia o en la vida personal de los creyentes.

La plaga de piojos: Cuando Dios exhibe la incapacidad del ser humano

I. Sin previo aviso

II. Con un golpe certero

III. Para reconocer su poder infinito

Las plagas de Egipto tenían como objetivo central mostrar el poder de Dios frente a la necedad humana representada en el Faraón que sistemáticamente se negó a liberar al pueblo de Israel de la esclavitud inhumana a la que lo tenía sometido. Dios envió 10 señales y cada una tenía como propósito humillar y burlarse de los dioses egipcios.

La tercera manifestación del poder de Dios fue la plaga de los piojos. Algunas versiones traducen la palabra como “mosquitos”, pero la mayoría de los comentaristas coinciden en señalar que fueron piojos, tal como los que conocemos en la actualidad. Pertenecen al reino de los insectos y sus larvas o huevecillos se llaman “liendres”.

Por su forma de vida a estos animales se les denomina el título de parásitos. Se aparean una sola vez, pero se reproducen rápidamente ya que la hembra suele poner de cinco a diez huevecillos diarios. Se presentan tanto en seres humanos como animales y se alimentan únicamente de sangre.

De por sí son insectos que se reproducen o se multiplican muy rápido. En la plaga que Dios envió a Egipto se aceleró su multiplicación. La frase “golpea el polvo de la tierra, para que se vuelva piojos…” implica que la tierra se convirtió dejó su lugar para que esos seres inundaran Egipto.

Los hechiceros que ya habían logrado convertir el agua en sangre, que habían logrado sacar ranas del río Nilo, ahora se dispusieron a repetir el milagro de Moisés y Aarón. Solo que en esta ocasión no pudieron. Los piojos no pudieron aparecer por las artes mágicas de los encantadores, quienes tuvieron que reconocer su incapacidad.

Dios les mostró que a pesar de su asociación con las fuerzas del mal ellos tenían límites y que no podían por más que lo intentarán derrotar el poder de Dios.

I. Sin previo aviso

A diferencia de las dos anteriores plagas, la plaga de los piojos no tuvo advertencia. Cayó inesperadamente sobre los egipcios que apenas se reponía de las pestilentes y devastadoras señales del agua convertida en sangre y la propagación de las ranas que salían del río Nilo.

Dios nunca actuó del mismo modo para con los egipcios a quienes estaba castigando por su maltrato hacía su pueblo y porque también quería dejar en claro que el panteón de sus dioses o el abanico de deidades que tenían eran absolutamente incapaces de ayudarles ni siquiera a prevenir cualquier eventualidad.

Ese es el gran problema de todo aquello que el hombre venera y no es Dios. Generalmente a esa clase de dioses se les invoca para que los ayuden en trances difíciles, pero nunca para que les ayude para prevenir alguna calamidad. Nuestro Dios es el único que puede prevenir lo que ha de ocurrir en el futuro para ponernos en aviso.

Dios exhibió la incapacidad tanto de Faraón como de sus hechiceros sin previo aviso. Todavía no terminaban de recoger la última rana que murió y apenas comenzaban a respirar aire puro cuando de pronto su tierra se llenó de piojos y hombres animales se llenaron de estos insectos dañinos.

Dios suele actuar así cuando los seres humanos se han llenado de arrogancia y petulancia. De repente, de pronto, de manera inesperada o cuando más seguros están Dios les hace ver su incapacidad en todos los ordenes.

II. Con un golpe certero

Aarón golpeó con su vara el suelo egipcio y el polvo de la tierra se convirtió en millones de piojos que de un momento a otro se instalaron en el cabello de los seres humanos y en el pelo de los animales y las bestias para succionar su sangre y causarles malestares y molestias muy dañinas.

La palabra “golpeó” que utiliza el libro de Éxodo 8: 17 procede de la raíz hebrea “nakah” que se traduce como hirió, derribar, destruir. Dios no estaba golpeando propiamente la tierra física de Egipto sino que esta hiriendo y derribando el orgullo de Faraón y sus gobernados por no querer dejar salir de esa nación a Israel.

Dios exhibió con un golpe certero la incapacidad de Faraón para defender a su pueblo. Dios de paso también estaba hiriendo y mofándose de los dioses egipcios que no podían ni pudieran hacer nada a favor de ellos.

III. Para reconocer su poder infinito

Los hechiceros de Egipto invocaron sus encantamientos. Se acordaban de que en las plagas de sangre y ranas habían imitado perfectamente la señal que Moisés y Aarón habían hecho, pero en esta ocasión no pudieron.

Y no pudieron porque Dios tiene dominio total de su creación y si en ocasiones al hombre le concede ciertas concesiones siempre se reserva su autoridad para demostrar que él es quien gobierna este mundo y que ciertos sucesos y ciertas circunstancias siempre nos van a recordar que él es Dios para siempre.

Cuando no pudieron los hechiceros sacar con sus brujerías piojos, reconocieron que esa plaga era la manifestación del dedo de Dios. No su mano, ni su brazo o diestra, sino simplemente su dedo. Es decir un breve manifestación del poder de Dios hace que se esparzan millones de insectos. Si fuere su brazo Egipto hubiera sido destruido.

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