Tristeza y alegría

Dice la Biblia en Santiago 5: 13

“¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas.”

Santiago es el autor de una carta llena de ejemplos. La intención del hermano del Señor Jesús al escribir su epístola es presentar el cristianismo más como una enseñanza práctica que como un cuerpo doctrinal lleno de conceptos y términos incomprensibles para los creyentes.

Desde el principio hasta el final en esta carta encontraremos enseñanzas de toda clase con un ejemplo al lado para entender cabalmente lo que Dios demanda de cada hijo suyo. El autor no le da vueltas ni es rebuscado a la hora de plantear cada uno de sus temas que aborda.

Y así al llegar al fina de su escrito, Santiago le habla o habla de los dos estados de ánimo que el creyente puede tener: la tristeza y la alegría. Porque el cristianismo no solo es tristeza como tampoco es solo alegría. Ambas emociones acompañan al hijo de Dios a lo largo de su caminar con Jesucristo.

Pablo escribió en ese sentido: “Lloren con los que lloran y gocen con los que se gozan” porque es una verdad que a lo largo de nuestra existencia hemos de encontrar o encontrarnos en situaciones que nos llenen de tristeza, pero también habremos de tener días llenos de alegría y regocijo.

Santiago, práctico como siempre, le recomienda a los creyentes que si están atravesando momentos de aflicción no pierdan el tiempo ni quejándose ni preguntándose por qué están en esa situación. Lo que tienen que hacer de inmediato es oración. Es interesante que debe ser una oración personal. La oración revelará si en realidad vale la pena sufrir.

Pero si el creyente está atravesando momentos de mucha alegría, entonces, debe dirigirse a Dios cantando. Santiago asocia la alegría con la alabanza a Dios. Así se sabrá si esa alegría es genuina o simplemente es emocionalismo. La alegría es un don de Dios y hay que devolverle al Creador esa gracia que nos infunde.

Como quiera que sea en la alegría o en la tristeza el hijo de Dios está llamado a tener comunión con Dios. No importa la circunstancia que este viviendo, el Señor está siempre con sus brazos abiertos para recibirnos. Dios lo mismo consuela que alegra a quienes a Él se allegan.

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