Las llaves de Juchitán para Jesucristo

Porfirio Flores

En numerosas ocasiones a lo largo de la historia, podemos observar la mención de una posible intervención divina en las dificultades que enfrentan las naciones. 

Cuando el ejército nazi se encontraba a nada de invadir Inglaterra, Winston Churchill dijo que lo único que les quedaba era pedir a Dios que detuviera a Hitler. En todo el país se organizaron cadenas de oración y las fuerzas armadas de Alemania nunca llegaron.

No se sabe con exactitud que fue lo que las detuvo en el camino. Se especuló que una niebla muy intensa las cubrió y retrocedieron para no volver. Después de eso la reina Isabel dijo un pensamiento que hasta hoy prevalece: “Le temo más a un ejercito de personas orando, que a un ejercito militar”.

De igual manera, durante la crisis de los rehenes de 1979 en Irán, el presidente James Carter, le dijo a los americanos que lo único que quedaba por hacer, luego de muchas negociaciones, era orar.

Luego de dos meses de la retención en la embajada de Teherán de 66 diplomáticos, en un mensaje dirigido a la nación pidió a sus compatriotas rogar a Dios por ese problema. Por supuesto la solución llegó.

Ni en Inglaterra ni Estados Unidos hubo discusión sobre sí las expresiones o sugerencias cristianas resultaban racionales o ilógicas. La emergencia que vivían les hizo enfocarse exclusivamente en el problema y nadie dudó que la situación requería algo más que el poder del Estado. 

Emilio Montero Pérez, presidente municipal de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca representa al ejecutivo de una ciudad violenta, la novena más peligrosa en el país, según apuntan organismos no gubernamentales y el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad.

En el municipio juchiteco un día sí y otro también hay muertos y más muertos. La tropelía no cede y los recursos económicos para seguridad pública son magros frente a la catástrofe.

La ecuación es sencilla: ningún presupuesto en seguridad podría hacer frente a una realidad que parece salida de una narración de terror.

Por lo tanto, nadie en su sano juicio puede negar que hay una crisis en esa ciudad zapoteca. Nadie puede decir que no pasa nada. Nadie puede rechazar que desde hace muchos años, incluso antes de los sismos del 2017, se vive un clima de deterioro. 

Los mismo mueren jóvenes, que mujeres y niños en una escalada de desolación y dolor para las familias que no cesa.

Ante esa realidad, el edil ha solicitado el apoyo de pastores cristianos para orar y ha entregado de manera simbólica las llabes de la ciudad a Jesucristo. ¿Es un recurso válido?, sí. La historia ha demostrado que ese ha sido un recurso efectivo en tiempos de gran emergencia y lo que acontece en Juchitán hoy en día es tan alarmante que debe sacudirnos a todos. Juchitecos o no juchitecos. Oaxaqueños o no oaxaqueños.

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