El fuego en el día del juicio

Dice la Biblia en 2ª de Pedro 3: 7

“pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.”

Cuando Cristo regrese los cielos y la tierra que ahora existen serán pasados por el fuego porque el día del juicio habrá llegado y los hombres impíos serán condenados a la perdición eterna porque rechazaron el amor de Dios y se opusieron a todo lo que tenía que ver con el Creador.

El regreso de Cristo, entonces, tendrá un doble efecto. Por una parte tomará a su iglesia y por otra parte juzgará a la humanidad condenándola ante su negativa de arrepentirse y buscar a Dios para rendirle el honor y la adoración que merece. El regreso de Cristo supone premio y castigo para el mundo.

El apóstol Pedro hace el paralelismo entre la destrucción de la tierra durante el diluvio a causa de la maldad de los hombres de la generación de Noé y la destrucción con fuego de los cielos y la tierra tal como los conocemos actualmente.

La segunda venida de Cristo alienta a sus seguidores siempre porque nos recuerda que la maldad que ahora vemos y padecemos un día tendrá su fin. El día que Él vuelva a posar sus pies en la tierra, ese día habrá terminado el imperio del maligno y se asentará en la tierra la paz del cielo.

Pero antes de que eso ocurra, el Señor juzgará con juicio recto a todos aquellos que rechazaron la fe, que optaron por seguir su vida sin Dios y que se aferraron a la maldad como si fuese lo único que existiese. Todos ellos serán condenados a la eternidad sin Dios por su conducta nefanda.

De allí la razón por la que la iglesia vela, se prepara y se motiva. El regreso de su Señor está cerca y habrá que recibirlo con las mejores ropas. Habrá que estar expectantes para que, como dice Lucas, cuando estas comiencen a suceder “erguid vuestra cabeza porque vuestra redención esta cerca.

La destrucción de los cielos y tierra con fuego será el marco para la perdición de los hombres impíos. Es decir, el retorno de Cristo servirá no solo para redimir a su iglesia, sino para condenar a los incrédulos.

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