Cristo no tardará, volverá a la tierra

Dice la Biblia en 2ª de Pedro 3:8

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.”

Este texto que usa Pedro para hablar de la segunda venida de Cristo lo tomó del salmo 90 que fue escrito por Moisés para hablar de la temporalidad del hombre y la eternidad de Dios. El apóstol lo usa para alentar a la paciencia a quienes esperan ese glorioso evento y callar a aquellos que piensan que la tardanza del Señor es olvido de su promesa.

Cuando de esperar se trata el tiempo siempre juega un papel fundamental para el que espera. Conforme transcurren las horas, los días, las semanas, meses y años el que espera puede caer fácilmente en la desesperación porque quien dijo que iba a volver no retorna o no llega.

Pedro nos recuerda un principio elemental respecto al tiempo. Lo que para nosotros es un milenio para el Señor es apenas un día. El tiempo de Dios es muy distinto a la manera en que nosotros contamos nuestro paso por la tierra. Nosotros señalamos meses y años para marcar nuestro devenir sobre este mundo.

Desde esa perspectiva en realidad el regreso de Cristo sigue tan latente como al día siguiente en que ascendió a los cielos y sus apóstoles lo vieron irse oculto entre las nubes del cielo y se les prometió que de idéntica manera volvería por los suyos para gobernar el cielo y la tierra.

La intención de Simón Pedro al escribir este texto es recordar a los seguidores de Cristo que el retorno de su Señor no ha tardado. La promesa sigue vigente y puede ocurrir en cualquier momento y su pueblo debe estar siempre a la expectativa porque el tiempo es un problema para el hombre no para Dios.

Desde que él se fue ha pasado mucho tiempo para la humanidad que contabiliza más de dos mil años, pero para Dios apenas son dos días. Cristo entonces no ha tardado nada, ni tardará mucho. Volverá por su iglesia para llevarla al cielo.

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