Salmo 95: Nos rendimos a Dios o divagamos en nuestro corazón

Dice la Biblia en el Salmo 95

Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses. Porque en su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas. Suyo también el mar, pues él lo hizo; y sus manos formaron la tierra seca. Venid, adoremos y postrémonos; arrodillemos delante de Jehová nuestro Hacedor. Porque Él es nuestro Dios y nosotros el pueblo de su prado y ovejas en su mano. Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres, me probaron y vieron mis obras. Cuarenta años estuve disgustado con la nación, y dije pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Introducción

En el evangelio de Lucas 9: 49-50 encontramos este interesante relato: “Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.

Ante Dios no puede haber neutralidad. A Dios lo seguimos o lo ignoramos. Ese el planteamiento que Cristo le hizo a sus discípulos con las palabras “el que no es contra nosotros, por nosotros es” porque en sentido contrario podemos decir: “el que que es contra nosotros, por nosotros no es”.

Y el salmo 95 comunica claramente esa idea. De principio a fin el salmo que a partir de esta semana comenzaremos a estudiar, nos conduce por estas dos ideas que se encuentran y se separan. O servimos a Dios incondicionalmente o vivimos separados de él.

El salmo 95 es una inquietante plegaria que tiene una convocación elevada para llamarnos a adorar a Dios de tal manera que podamos expresarle de manera perfecta nuestra rendición incondicional a su persona, pero de igual modo tiene una de las más estremecedoras revelación de la ira de Dios ante la desobediencia.

Rendición y obediencia se combinan de una manera sorprendente con rebelión y desobediencia. El salmo esta construido de una forma tal que los lectores o quienes lo recitan tengan presente que Dios merece siempre el primer lugar en nuestras vidas y que desoír sus ordenes siempre será dañino para los seres humanos.

El salmo tiene una estructura sencilla: la primera parte es una convocación para adorar a Dios con alegría, regocijo y gozo, pero a la vez con reverencia humillándonos delante su presencia. Quizá una de las grandes virtudes de este salmo es que establece las razones por las que Dios demanda este tipo de entrega al adorarlo.

Dios se presenta como un ser demandante que pide reverencia y respeto, pero ofrece las razones por las cuales demanda esta clase de adoración. En el salmo encontramos tres veces la palabra o conjunción “porque” que es un término que explica o da una razón o razones por las que se pide o hace algo.

Por qué tenemos que postrarnos ante Dios como una forma de expresarle nuestra rendición incondicional. Aquí algunas de ellas: 1. Porque Jehová es Dios grande. 2. Porque Jehová es Rey grande sobre todos los dioses. 3. Porque en las manos de Dios están las profundidades de la tierra. 4. Porque las alturas de los montes están en las manos de Dios.

5. Porque es dueño del mar y la tierra seca. 6. Porque Él es nuestro Dios. 7. Porque nosotros somos el pueblo de su prado y ovejas en su mano. Esas son las razones por las que Dios demanda que le sirvamos con todo nuestro ser.

La segunda parte del salmo contiene la triste historia de Israel en el desierto o si se quiere el ejemplo negativo de lo que puede suceder si a Dios no se le da el respeto que merece. Dios demanda, pero no obliga. Sus hijos pueden negarse a seguirlo con todo el corazón, pero las consecuencias de esa decisión son terribles.

Israel cometió al menos cuatro errores en el desierto, una vez liberados de Egipto bajo la mano poderosa de Dios, en el traslado o viaje a la tierra prometida los hebreos erraron así: 1. Endurecieron su corazón. 2. Tentaron y probaron a Dios y 3. Divagaron en su corazón y 4. No conocieron los caminos del Señor.

El resultado fue el disgusto de Dios por cuarenta años y que esa generación no entró en el reposo de Dios, tema que abordaremos para conocer cuál el significado del reposo del que habla el salmista, toda vez que en el Nuevo Testamento, el libro de Hebreos 4 aborda este tema de manera amplia.

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