La fe de los samaritanos

Dice la Biblia en Juan 4: 42

“…y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.”

Los samaritanos eran una mezcla racial de pueblos paganos que el imperio Asirio llevó a la tierra de Israel con un pequeño remanente de judíos de las diez tribus del reino del norte: Neftalí, Rubén, Gad, Aser, Efraín, Manasés, Dan, Simeón, Isacar y Zabulón, los cuales casi en su totalidad habían sido llevados cautivos a Asiria.

Los samaritanos eran, entonces, mitad judíos y mitad gentiles. Esa condición les hacía despreciables ante los hebreos. Ante sus medio hermanos, los habitantes de Samaria era subhumanos. La mitad de su sangre judía no era reconocida por ellos y por el contrario uno de los insultos favoritos de los israelitas era llamar a alguien samaritano.

Cristo rompió esta percepción y trato hacia los samaritanos. Y lo hizo cuando habló con la mujer samaritana, lo reafirmó cuando reconoció que de diez leprosos sanados solo uno retorno a a gradecer la bondad y fue precisamente un samaritano y luego la parábola del buen samaritano sirvió para reiterarlo.

Todas estas palabras y acciones tenían como finalidad destruir la pared y muro que los judíos habían construido para dividirse de los samaritanos. Ellos se sintieron tan bien con las palabras de Jesús que no dudaron en reconocerlo como el Salvador del mundo y como el Cristo bendito.

Juan, el evangelista, nos dice que Jesús no solo pasó por la región de Samaria, sino que se detuvo allí dos días para hablarles de la palabra de Dios. Impensable que un judío hiciera eso, pero Jesús lo hizo y los samaritano por fin encontraron a alguien que no los mal miraba y que los veía como lo que eran: seres humanos con profundas necesidades.

Los samaritanos eran despreciados, Cristo los aceptó. Los samaritanos vivían segregados por los judíos, Cristo los incluyó. Los samaritanos vivían olvidados, Cristo los involucró en la salvación. Los samaritanos parecían condenados para siempre por algo que ellos no habían hecho, nacer samaritanos, pero Cristo les hizo ver que ser samaritano no era pecado.

Esa es la gran virtud que Cristo hace con todas las personas: les devuelve su dignidad. Por eso los samaritanos creyeron y afirmaron categóricamente: éste es el Salvador del mundo, porque encontraron a alguien que les hizo ver que eran personas que le importaban a Dios.   

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