La esposa hace lucir al esposo

Dice la Biblia en Proverbios 31: 23 “Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra.”

En el tiempo que se escribió el libro de Proverbios los ancianos de los que habla este texto se reunían en las puertas para dilucidar algunos asuntos legales o propios de la comunidad en la que vivían. Justamente en un lugar así se decidió el destino de Rut y Booz, quien finalmente tuvo la autorización para casarse con ella y así redimir la descendencia familiar.

Formar parte de ese selecto grupo de personajes era un honor, una distinción y una gran responsabilidad porque juzgaban problemas de los demás y buscaban siempre una solución salomónica. La vida de cada uno de ellos pasaba por el escrutinio de sus conciudadanos. Tenía que ser así porque en sus manos estaba la justicia de su pueblo.

Una esposa virtuosa de quien juzgaba le daba a quienes acudían allí en busca de solución a sus problemas la garantía de que quienes allí se sentaban a resolver los problemas de los demás tenían toda la autoridad moral para escrudiñar los conflictos y encauzarlos a una solución.

Se entiende, entonces, que una esposa virtuosa es la que le da al esposo solvencia moral y emocional. La esposa le da equilibrio a la vida de su marido y le incrementa o resta autoridad frente a todos los demás. Hablamos de una autoridad  basada en el amor. No el autoritarismo que se impone.

La sujeción de la esposa es la carta de presentación del marido. La conducta casta y respetuosa de la consorte permite a los demás reconocer al esposo. Una esposa “rebelde” o “intransigente” le resta autoridad a su marido frente a los demás y cuando trata de poner orden la risa es generalizada.

En el hogar cuando una esposa no se somete a su marido provoca que los hijos tampoco se sometan a su padre. Después en su vida marital tanto hombres como mujeres repiten el mismo patrón. Los hijos dejan que su esposa tome el control siempre y a las hijas les resulta complicado someterse a su marido.

La mujer virtuosa hace que su marido sea reconocido donde se para. Le da o le resta autoridad moral sobre su propia familia y sobre aquellos que busquen un consejo o ayuda en tiempo de crisis familiar.

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