Muerte los ganado: Cuando Dios muestra su soberanía

Dice la Biblia en Éxodo 9: 1-7

Entonces Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia de Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva. Porque si no lo quieres dejar ir, y lo detienes aún, he aquí la mano de Jehová estará sobre tus ganados que están en el campo, caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas, con plaga gravísima. Y Jehová hará separación entre los ganados de Israel y los de Egipto, de modo que nada muera de todo lo de los hijos de Israel. Y Jehová fijó plazo, diciendo: Mañana hará Jehová esta cosa en la tierra. Al día siguiente Jehová hizo aquello, y murió todo el ganado de Egipto; mas del ganado de los hijos de Israel no murió uno.  Entonces Faraón envió, y he aquí que del ganado de los hijos de Israel no había muerto uno. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir al pueblo.

Introducción

La quinta plaga que Dios envió a Egipto fue para atacar el ganado de los egipcios. Caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas fueron destruidos. En la quinta señal Dios le quiso mostrar a Faraón su soberanía. Dios es Soberano, es decir está por encima de todo y de todos. Nada ni nadie puede contenerlo.

La soberanía de Dios era una lección necesaria para un ser que día a día se creía el centro del universo, se pensaba imbatible y se presentaba como un dios que podía decidir sobre la vida de los demás. Generalmente Dios muestra su soberanía cuando los hombres se endiosan y se creen superiores al Creador.

Aunque las plagas parecen tener el mismo patrón o seguir el mismo relato, cada una nos conduce por referencias de Dios distintas. En la plaga de las moscas, mosquitos o bestias salvajes Dios le dijo claramente a Faraón que los hebreos asentados a Gosén no les ocurriría nada de eso.

Faraón no creyó eso. Por eso en esta plaga de nueva cuenta le dice que su pueblo no sufrirá ningún mal, es decir ninguno de sus ganados se verían afectados y en esta ocasión Faraón envió a sus súbditos a comprobar si esto era verdad y sus enviados le trajeron noticias desalentadoras para los egipcios: en Gosén ningún animal había muerto.

Faraón contempló allí el poder soberano de Dios o su inmensa soberanía porque eran unos cuantos kilómetros que separaban a los hebreos de los egipcios y mientras en Egipto se respiraba pestilencia y dolor, en Gosén todo era calma y tranquilidad. Ni animales muertos ni pestilencia.

La soberanía de Dios tundió a Faraón, pero ni así reaccionó. Siguió endurecido de su corazón, pero la lección que Dios les da nos sirve a nosotros para recordar que nosotros tenemos y seguimos a un Señor soberano que hace conforme a sus eternos propósitos sin consultar a nadie.

La plaga sobre los ganados: Cuando Dios muestra su soberanía

I. Eligiendo un pueblo
II. Dañando solo una clase de animales
III. A los incrédulos

I. Eligiendo un pueblo

Ninguna otra determinación como la elección de Israel nos muestran el poder soberano de Dios. Cuando seleccionó a los hebreos como su pueblo ejerció total y absolutamente su poder. Entre muchas otras naciones, Dios se inclinó por esta nación para hacer habitar entre ellos su nombre.
Cuando llamó a Abraham para que saliera de Ur y se dirigiera a una tierra que le mostraría, el plan de Dios estaba echado a andar. De ese justo habría de formarse un pueblo que sería tan grande y extenso como la arena del mar y como las estrellas del cielo. Ese fue su proyecto y lo llevó a cabo.

En ninguna de las anteriores plagas encontramos la expresión “el Dios de los hebreos” que particularmente no hace Moisés, sino Dios. Para esta plaga Dios se presenta ante Faraón como el Dios de los hebreos. No son los hebreos quienes presentan a Dios como su Dios, sino Dios el que presenta a los israelitas como su pueblo.

Dios fue el que los eligió no ellos a él. Ese es el poder soberano que Dios quería y quiere mostrarnos. Nosotros como los hebreos no hemos hecho nada. No teníamos nada que ofrecerle a Dios, pero él en su infinita misericordia nos escogió para ser su pueblo, para ser su nación.

El mensaje para Faraón era muy claro. No te estas metiendo con ellos, te estas entrometiendo con el Señor del cielo y de la tierra. Ellos están aquí por un propósito, pero ese propósito ya se cumplió y ahora serán liberados a pesar de tu negativa.

La elección del pueblo de Israel es la mejor expresión de la soberanía de Dios. Los eligió y ha hecho con ellos de una manera tal que por siglos se mantienen con vida. Han salido y regresado de su tierra en varias ocasiones y hoy están allí asentados listos para cumplir con el plan que Dios tiene para ellos.

II. Dañando solo una clase de animales

Dios hizo una intervención quirúrgica con Egipto. La plaga que envió en la quinta señal solo daño o destruyó el ganado de caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas. No daño, perros, gatos ni ninguna otra clase de especies. Lo pudo haber hecho, pero determinó que era suficiente con estos animales.

La intención era, además de burlarse de sus dioses en forma de animales como los toros y las ovejas, era mostrar que su economía era muy endeble porque a falta de estos animales vendría una crisis económica que dañaría severamente a todos los egipcios de esos tiempos y edades.

El golpe de Dios fue preciso. Como todo lo que hace es exacto. De un día para otro los animales de carga y transporte y las especies que servían como fuente para la obtención de recursos para la confección de prendas murieron por una desconocida plaga que llegó a la tierra de Egipto.

La soberanía de Dios implica control absoluto y total de su creación. Sólo Dios en su infinita sabiduría y poder puede diseñar una clase de virus o bacteria que puede ser letal tanto para animales como seres humanos. Aquí dejó bien en claro que Él domina sobre su creación totalmente.

Nadie puede contra su poder. El decide por sí, sin que nadie le aconseje, sin que nadie influya sobre su voluntad.

III. A los incrédulos

En la cuarta señal, las moscas no llegaron a Gosén. Se le dijo a Faraón que así sucedería, pero no lo creyó. Le parecía una mentira o un absurdo. Por eso de nueva cuenta se le dijo que ocurría lo mismo en la quinta plaga. El ganado de Israel sería preservado milagrosamente y así ocurrió.

Orgulloso como era Faraón no quiso verlo con sus propios ojos y prefirió enviar a sus siervos quienes regresaron a él con muy malas noticias. El ganado egipcio moría irremediablemente, pero el de los hebreos no tenía ningún problema y no les pasaba absolutamente.

Faraón recibió esa noticia como un golpe en su corazón. Finalmente las palabras que le dijeron tanto Moisés como Aarón sobre esta señal se cumplían totalmente y entonces lo dicho por ellos sobre la plaga de las moscas también se cumplió a cabalidad. Dios se mostró soberano.

Dios muestra su soberanía a quienes dudan de él. Los que creen en su poder no tienen necesidad de verlo porque ellos creen y confían en que el Señor domina y gobierna el mundo con autoridad y sabiduría.

Es sumamente aleccionador ver como Dios intentó corregir a Faraón llevándole a ver su soberanía. Pero ni de esa manera entendió el gobernante egipcio.

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