Salmo 95: Rendidos incondicionalmente a Dios

Dice la Biblia en Salmos 95: 1-7

Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.  Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses. Porque en su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas. Suyo también el mar, pues él lo hizo; y sus manos formaron la tierra seca. Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. 

Introducción

Los primeros siete versículos del salmo 95 son una invitación, un llamado y una convocatoria para exaltar jubilosamente a Dios, pero también para adorarlo con reverencia y respeto por lo que Él es. El autor del salmo comparte con nosotros la emoción que representa estar ante el Creador del mundo.

El llamado, no es cualquier clase de llamado; es una vehemente invitación. Es una ferviente convocatoria, una entusiasta e impetuosa invitación para llegar a la presencia de Dios con la actitud correcta: alegría, gozo, júbilo, pero a la vez, respeto, temor y temblor ante la clase de Dios que tenemos.

Dios merece y es digno de recibir esta clase de aclamación, alabanza, adoración y exaltación por lo que él es y por lo que él hace. El salmista nos conduce y nos dirige por la forma en que debemos rendir honor al Creador del cielo y la tierra. Nos toma de la mano para decirle a Dios todo lo que él representa para nosotros.

El autor de este salmo nos enseña que la alabanza y adoración a Dios tiene razones. No es una alabanza carente de explicaciones. Adoramos a Dios por lo que él es y por lo que el hace. El salmista nos explica las razones por las que debemos rendirnos incondicionalmente a la hora de ensalzar al Señor.

Hay razones de peso. Hay motivos suficientes para consagrarnos a Dios en cuerpo y alma. Dios ha hecho y hace obras que nos muestran y demuestran que él es Dios.

I. Rendidos incondicionalmente a Dios

A. Con exaltación jubilosa
1. Por lo que Él es
2. Por lo que Él hace
B. Con adoración reverente
1. Porque es nuestro Dios
2. Por lo que somos para Él

Rendirnos a Dios tiene sus razones o sus explicaciones si se quiere. Dios demanda de sus creaturas una entrega total a Él. Esta demanda esta basada esencialmente en el hecho de lo que es Dios. No es cualquier clase de Dios ni es un Dios semejante en alguna manera a los dioses que pululaban entre los gentiles.

La rendición de Dios habría de manifestarse en la forma en la que se le rendía adoración. La adoración que Dios pedía o pide es una adoración llena de júbilo, pero a la vez cargada de reverencia y respeto. En todo tiempo y en todo momento. Sin importar como nos sintamos o que estemos pasando.

La exaltación que Dios demanda es aquella que se mantiene viva o se mantiene fuerte, a pesar de lo que nos rodee. La adoración que Dios rechaza es la que solo se le da cuando todo marcha bien y se le niega cuando las cosas salen mal o no salen como nosotros queremos.

La rendición a Dios tiene justamente que ver con aceptar sus designios. Aceptar su disciplina y sobre todo aceptar su voluntad cuando es adversa a nuestros sentidos y a nuestros deseos. Entregarnos a Dios significa seguirlo o mantener nuestra fe pese a todas las adversidades y seguir adorándole con gozo y con alegría.

A. Con exaltación jubilosa

En los primeros dos versos del salmo 95 encontramos un llamado llegar a la presencia de Dios. Al llegar ante el Señor debemos traer con nosotros alegría y júbilo y cánticos para aclamarle. A la presencia de Dios debemos llegar con la actitud correcta y la actitud correcta es la alegría.

Y justamente aquí es donde comienzan nuestros problemas porque a veces lo que estamos viviendo o lo que estamos pasando no es justamente lo que más alegría puede traer a nuestra vida. A veces las circunstancias o situaciones que estamos viviendo no nos traen nada de gozo.

Y justamente aquí el valor de este salmo porque nos pide anteponernos a todo aquello que nos hace sentir mal para llegar ante Dios con alegría. Dios demanda de sus hijos una celebración jubilosa de su nombre. Independientemente si las cosas marchan bien o marchan mal.

En los dos primeros versos encontramos dos veces la expresión “aclamemos” y “aclamémosle”. Esa palabra implica fuerte voz o alzar la voz, e incluso gritar. No es cualquier modulación de la voz, sino es levantar la voz. También encontramos dos veces dos palabras siempre ligadas en los salmos: “alegremente” y “júbilo”.

Nuestro Dios espera de nosotros una exaltación cargada de emoción. Una exaltación en la que desbordemos nuestra alegría, sin importar si hay razón o no para estar alegres por lo que esta sucediendo en nuestra vida. Al llegar ante Él nos debemos despojar de nuestras tristezas.

Debemos hacer a un lado nuestros problemas y dificultades y entregarnos jubilosamente a su presencia. En otras palabras debemos disfrutar completamente nuestra celebración a nuestro Creador.

1. Por lo que Él es

Hay una razón por la que debemos anteponer nuestro júbilo ante Dios por encima de lo que nos entristece: Por lo que Él es y el salmo nos da dos explicaciones de lo que Él es: 1. Porque él es grande y 2. Porque es Rey grande sobre todos los dioses. Sobre salen las expresiones “grande” en ambas razones.

Porque Él es grande

Esta es una de las afirmaciones y aseveraciones que más se repite a lo largo de toda la Escritura. El Dios en que nosotros creemos es grande. Es una verdad que nos enseña el tamaño de Dios. No es un Dios pequeño ni limitado, pero sobre todo es un Dios que sobre pasa en mucho la pequeñez humana.

Al decir que tenemos un Dios grande lo que estamos diciendo es que él esta por encima de todo y de todos.

Porque Él es Rey grande sobre todos los dioses

Frente a todos los dioses de los pueblos circunvecinos de los hebreos, el Señor es el Rey. Ellos son sus súbditos y él se levanta o se alza con poder sobre ellos. Celebramos a Dios con todo nuestro ser porque él se yergue como el Señor de toda deidad o toda divinidad que los seres humanos han creado.

Dios no solo es más grande que cualquier ser humano, sino que es grande y Rey sobre todos los dioses que los seres humanos han diseñado para restarle honor y poder al verdadero Dios del cielo y la tierra. Esta declaración nos lleva a considerar la superioridad de Dios en cualquier ámbito.

B. Por lo que él hace

Los versos 4 y 5 del salmo 95 dicen así:

4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas. 5 Suyo también el mar, pues él lo hizo; y sus manos formaron la tierra seca.
En ellos encontramos cuatro acciones por parte de Dios. En primer lugar o como número 1. Dios tiene en sus manos las profundidades de la tierra. 2. Las alturas de los montes son suyas. 3. Él es el dueño del mar, pues él lo hizo y 4. Sus manos formaron la tierra seca.

1. Dios tiene en sus manos las profundidades de la tierra

Voy a utilizar aquí un artículo del periódico español ABC.

“Puede parecer que sin luz y sin apenas oxígeno, con una bajísima disponibilidad de nutrientes y soportando una presión gigantesca o una temperatura superior a la de la ebullición del agua, es imposible que la vida progrese. Pero lo hace. El ecosistema más prístino del planeta está  oculto en sus profundidades a varios kilómetros bajo nuestros pies y es sorprendentemente grande.”

Cuando el salmista dice que “en sus manos están las profundidades de la tierra” lo que nos está comunicando es su dominio absoluto en los lugares que ni siquiera el ser humano se puede imaginar. Es impresionante el dominio y conocimiento que Dios tiene frente a nuestras grandes limitaciones.

2. Las alturas de los montes son suyas

Hay en el mundo diez montañas muy altas. La principal es la del macizo montañoso de Los Himalayas. Alcanzan una altura de siete mil metros sobre el nivel del mar. Las condiciones climáticas allá arriba son muy frías. El salmista nos lleva de las profundidades a la alturas para enseñarnos el dominio absoluto de Dios sobre su creación.

En América Latina tenemos el macizo montañoso de los Andes en Sudamérica que tambiés es muy elevado. La mención de este parte de la tierra es para hacernos ver que para Dios es exactamente lo mismo lo alto como lo bajo o profundo. Su dominio se extiende por todos lados.

3. Él es el dueño del mar

Tres cuartas partes del globo terráqueo son mar o mares. El planeta tierra es más agua que tierra seca. Pues el Señor diseñó con su gran mente el mar. El propietario de esa enorme conjunción de agua es él. El mar no existe por sí mismo. Existe porque Dios lo diseñó de esa manera.

4. Sus manos formaron la tierra seca

Otra de las grandes obras de Dios es la tierra seca. En ese lugar Dios diseñó el hogar del hombre. La tierra es también del Señor. Todo lo hizo perfecto y en equilibrio para que el hombre pudiera vivir aquí.

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