Ancianas enseñando a jóvenes casadas

Dice la Biblia en Tito 2: 4

“que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos”

La iglesia de Creta vivía en desorden. Había muchos problemas entre los creyentes. Pablo envió, entonces, a unos de sus jóvenes colaboradores: Tito, a quien encomendó corregir lo deficiente. La iglesia debía ordenarse y deshacerse de todos aquellos malos hábitos que dañaban su imagen pública.

Entre todas las indicaciones que recibió el joven colaborador de Pablo fue el de pedir a las ancianas de la iglesia comenzarán una labor pedagógica con las jóvenes casadas de la congregación. La materia que impartirían a ellas sería la de amar a sus maridos y a sus hijos, como parte de la necesaria recomposición de la asamblea de Dios.

La aportación de estas mujeres a la iglesia era de un valor incalculable porque habrían de poner al servicio de las esposas de la iglesia el aprendizaje de una materia que no se enseña en ninguna universidad o escuela. Ellas serían las encargadas de ofrecer su conocimiento y practica a quienes recién comenzaban la vida matrimonial.

No hay nada enriquecedor en la existencia que la experiencia de otro al servicio de nuestra vida. Y en el caso de la familia oír, escuchar y aprender lo que una persona casada por 20, 30 o 40 años nos puede transmitir es simplemente de un valor incalculable porque es el resultado de sus vivencias personales.

Las ancianas debían de poner a las jóvenes casadas sus “tips” para saber vivir con su esposo y también como conducir a sus hijos. Enseñarlas a amarlos era la encomienda que el apóstol Pablo les estaba dando. Pablo sabía muy bien que una familia es en mucho resultado del esfuerzo materno.

Un hogar donde la esposa y madre se esfuerza por cumplir con sus tareas responsablemente es un hogar que habrá de entregar a la sociedad hijos e hijas responsables de sus actos. Hombres y mujeres que habrán de vivir respetando a los demás y colaborando con su prójimo.

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