Canto y danza

Dice la Biblia en Salmos 87: 7

“Y cantores y tañedores en ella dirán: Todas mis fuentes están en ti.”

El salmo 87 fue escrito por los hijos de Coré para resaltar entre los hebreos la importancia de residir o visitar Jerusalén. Asentada sobre el monte de Sion, esa ciudad fue y es el corazón de Israel. Allí determinó Dios que se asentaría su templo con el que palpita su pueblo y todos quienes la aman.

Jerusalén es una ciudad diseñada, construida, erigida y establecida para recordar a Dios y para alabarlo y exaltarlo por siempre por eso permanentemente habrá en ese lugar cantores y tañedores, es decir gente que cante y dance delante del Señor, quienes están convencidos de que la fuente u origen de todo nació justamente allí.

El salmo resalta como ninguno otro la bendición y el privilegio de haber nacido en ella. Dios reconocerá a todos aquellos que vieron la luz de la vida allí, según leemos en el salmo como expresión del valor que para el Señor tiene esa ciudad asentada en el monte de Sion, la ciudad del rey David.

El principio que los cristianos podemos aprender de este salmo hebreo es de vital importancia para nuestra vida espiritual: Dios busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad. Adoradores que exalten sus bondades, que recuerden sus obras y que anuncien sus poderosos hechos. Esa es y será la evidencia que han nacido de nuevo.

El hijo de Dios, aunque no nació en Jerusalén, fue engendrado por Dios con el único propósito de rendirle tributo y honor al que vive por los siglos de los siglos y habrá de imitar a los nacidos en Jerusalén para decirle a Dios: “todos mis orígenes o fuentes están en ti”, como expresión de reconocimiento de que todo comenzó justamente con Dios.

Fuimos creados por él para buenas obras y una de esas buenas obras es precisamente celebrar “ruidosamente” su nombre.

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