La plaga de las úlceras: Cuando Dios exhibe la derrota del mal

Dice la Biblia en Éxodo 9: 8-12

Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Tomad puñados de ceniza de un horno, y la esparcirá Moisés hacia el cielo delante de Faraón; y vendrá a ser polvo sobre toda la tierra de Egipto, y producirá sarpullido con úlceras en los hombres y en las bestias, por todo el país de Egipto. Y tomaron ceniza del horno, y se pusieron delante de Faraón, y la esparció Moisés hacia el cielo; y hubo sarpullido que produjo úlceras tanto en los hombres como en las bestias. Y los hechiceros no podían estar delante de Moisés a causa del sarpullido, porque hubo sarpullido en los hechiceros y en todos los egipcios. Pero Jehová endureció el corazón de Faraón, y no los oyó, como Jehová lo había dicho a Moisés.

Introducción

La sexta señal daño directamente el cuerpo de los egipcios y de sus animales. La nación egipcia padeció úlceras. Una lesión en la piel que parece una herida, pero que en realidad es una presión en alguna parte del cuerpo que hace que se lesione y provoque que la piel se abra.

Los egipcios literalmente fueron heridos. De la noche a la mañana de pronto toda la nación egipcia, incluyendo a sus bestias o animales, amanecieron heridos de sus cuerpos y como siempre Faraón fue con sus hechiceros para que le explicaran o resolviera ese problema de salud que había llegado a su nación.

Los hechiceros jugaban un papel preponderante en la corte de Faraón. No eran solamente oráculos para saber si les iría bien en una guerra, eran también sus sabios en medicina y a su vez sus brujos capaces de convertir el agua en sangre, aparecer ranas del río y convertir una vara en serpiente.

Su poder e influencia sobre el gobernante egipcio era muy grande. Formaban parte de su corte. Eran parte de una casta y tradición milenaria en ese pueblo supersticioso que los colocaba en una posición de gran preponderancia. Por su palabra se tomaban decisiones vitales en la vida de las personas y pueblo.

La sexta plaga resalta que ellos ni siquiera pudieron estar de pie ante Moisés a la hora de esa plaga. Su mención no es ociosa ni puede pasar desapercibida. Ellos siempre fueron requeridos por Faraón para enfrentar las señales que Dios enviaba a través de Moisés y Aarón.

Dios les quiso dar una lección a ellos y a Faraón. Ningún poder humano, ni de la oscuridad se puede enfrentar al dueño de la Creación. Los hechiceros habituados a su contacto con las tinieblas se dieron cuenta que su “poder” tenía límites. Si antes todavía habían podido decir “el dedo de Dios”, ahora quedaron sin habla ante el poder sobrenatural de Dios.

La plaga de las úlceras: Cuando Dios exhibe la derrota del mal

I. A través el castigo físico
II. Postrando a sus emisarios

Los hechiceros fueron mencionados en Éxodo 7: 11 cuando convirtieron una vara en serpiente con sus encantos. En 7: 22 de nueva cuenta aparecen imitando la señal de conversión de agua en sangre. En 8: 7 los encontramos de nuevamente haciendo que aparecieran ranas del río Nilo.

En 8: 18 los vemos intentando imitar la señal de los piojos, sin lograrlo. Entonces dijeron que esa obra era producto del “dedo de Dios”. Pero en la sexta señal los hechiceros ya no solo no pueden imitar el milagro o decir que es el dedo de Dios, sino que ahora sufren igual que todos los egipcios los efectos de la plaga de las úlceras.

Es interesante notar que dice que no podían estar delante de Moisés. La razón la encontramos en Deuteronomio 28: 35. Las úlceras les aparecieron en las rodillas y en las piernas. Heridas las extremidades era imposible que pudieran estar de pie. Esta plaga los postró completamente. Fueron derrotados estrepitosamente.

I. A través del castigo físico

La úlceras comenzaban con una inflamación de la piel y luego su erupción que provocaba llagas dolorosísimas a quienes las padecían. En el caso de esta plaga el mal aquejaba tanto a hombres como a animales. A diferencias de las anteriores señales, ésta era directamente dirigida al cuerpo de los egipcios.

Dios quería dar una fuerte lección a Faraón y sus hechiceros porque en esta señal el relato resalta el castigo sobre los hechiceros. Era una manera de expresar que Dios sanciona a todos. Castiga, azota y escarmienta a aquellos que viven haciendo mal o regodeándose de la maldad.

Las úlceras que llegaron a Egipto surgieron de la ceniza de un horno. Dios le pidió a Moisés que tomara hollín para esparcirlo en el cielo, lo cual hizo y esa materia se convirtió en polvo que provocó lesiones en el cuerpo de Faraón, sus sirvientes y todo el pueblo de Egipto, incluidos sus animales.

Dios demostraba de nueva cuenta su dominio completo ahora sobre el cuerpo humano. Dios es capaz de crear bacterias que dañen la vida de los seres humanos.
La sanción contra los egipcios fue física como una forma de hacerles ver y hacernos ver que Dios infringe de manera enérgica su disciplina. Así castigó al rey Uzías. Así sancionó a Giezi. Dios es fuego consumidor a la hora de manifestar su ira.

II. Postrando a sus emisarios

Los hechiceros de Egipto eran intermediarios entre las fuerzas del mal y los hombres. Su poder no era natural. Era un poder sobrenatural nacido del mismo infierno. Se ufanaban de sus encantamientos. Eran altivos y soberbios pensando que nada podría hacerles daño debido a sus oscuros acuerdos con la maldad.

Una breve revisión a la historia de los nigromantes de Egipto nos permite acercarnos a los primeros grandes emisarios del poder maligno:

“Los magos en Egipto tuvieron la consideración de una especie de oficiales públicos al servicio del rey, cooperadores con él en las funciones del mantenimiento del orden cosmológico. Ellos eran los encargados de ejercer la magia como sacerdotes, en sustitución del propio faraón, el mago por excelencia de todo Egipto”.

Los egiptólogos han establecido como una categoría especial el estudio de estos personajes porque formaban parte de una casta especial en un pueblo excesivamente supersticioso. En Egipto había templos por doquier de deidades que contaban con sacerdotes que a la vez eran magos y encantadores.

El conocimiento de ellos se transmitía de generación a generación y era muy común que pasara de padre a hijo y así sucesivamente.

La magia, los encantamientos y las hechicerías tenían carta de naturalización en Egipto y sus promotores o sus representantes tenían un trato especial de su pueblo. Además de este tratamiento eran considerados intocables por cualquier dios o persona porque aparecían como “todopoderosos”.

Pero la realidad era completamente distinta. La plaga de las úlceras los colocó en el lugar que en realidad tenía: el de cualquier mortal que frente a Dios no puede hacer absolutamente nada. El poder acumulado con sus hechicerías no pudo hacer absolutamente nada por ellos.

Dios se mofó de sus “capacidades”. En todas las anteriores plagas se presentaban ante Moisés y Aarón con toda su fuerza y soberbia, pero en ésta ni siquiera pudieron estar de pie. El poder que presumían fue insuficiente para hacerle frente a los latigazos que Dios les impuso.

Y justamente así es la maldad. En apariencia es imbatible. El hechicero y encantador o practicante de la maldad se presenta como una persona que no padece nada o que nadie le puede hacer nada. Esa esa una gran mentira porque cuando Dios interviene para sancionarlo su vida es igual a la de todos los demás.

Dios se burló de ellos como se burla y se burlará de todos aquellos que se sienten autosuficientes. Las úlceras nos recuerdan que de Dios nadie puede burlarse. Tarde o temprano comparecerán ante él y lo que a nuestros ojos parece fuerte y poderoso es nada ante el Señor del cielo y la tierra.

Colosenses expresa esta idea cuando dice en 2: 16 “y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.” Fueron exhibidos, expuestos en su derrota.

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