Dios nunca muere

Dice la Biblia en Salmos 102: 27

“Pero tu eres el mismo y tus años no se acabarán.”

El salmo tiene una inscripción al comenzar que dice: “Oración del pobre cuando desfallece y delante del Eterno vierte su plegaria”, que nos señala con toda claridad el sentido en que se compuso este salmo. Fue compuesto para auxiliar a quienes sufren intensamente que lo hace sentirse muy solos.

Casi al final de esta plegaria el salmista recuerda una de las virtudes o enseñanzas más valiosas para el creyente: Dios no cambia, siempre es el mismo y es Eterno. Ni cambia ni muere. Se mantiene siendo el mismo de ayer, de hoy y por los siglos. Una verdad consoladora a la hora de enfrentar las dificultades, los problemas, los sufrimientos.

Uno de nuestros grandes dilemas sobre Dios surge precisamente cuando estamos en tribulación porque pensamos que él ha cambiado, que ha dejado de ser el mismo y en algunos casos que ha muerto porque nuestro dolor se acrecienta sin que encontremos respuesta en él.

El sufrimiento, la escasez y la enfermedad, entre otros males, nos llevan dudar y poner en tela de juicio la bondad de Dios y no en pocas ocasiones que él siga siendo el mismo. El intenso sufrimiento nos conduce siempre a esa triste experiencia. El salmista lo sabe bien y por eso nos regala esta hermosa reflexión.

Dios nunca cambiará. Dios nunca dejará de ser Dios. El es el gran YO SOY EL QUE SOY. El que existe en sí mismo y que no requiere de nadie más para subsistir. Recordarlo siempre llenará de consuelo nuestro corazón, sobre todo en esa tristes horas cuando el mal nos quiere arrebatar la gloriosa verdad de nuestro Dios.

Cuando sufrimos Dios está mas cerca de nosotros de lo que pensamos. Él no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta. Si Él ha dicho: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”, Él lo cumplirá.

En Oaxaca, México se escucha por todas partes un himno compuesto por un músico hace dos siglos llamado Macedonio Alcalá. Su himno se llama “Dios nunca muere”, que para quienes leemos la Escritura nos recuerda la inmortalidad de nuestro Dios. Sí, Dios nunca muere ni esas circunstancias tan difíciles de aceptar.

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