La regla de oro

Dice la Biblia en Mateo 7: 12

Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

Introducción

Se le conoce como regla de oro para definir su gran importancia o su incalculable valor en la vida de los seguidores de Cristo. La regla de oro es la esencia misma del cristianismo y el judaísmo porque plantea nítidamente y sencillamente la conducta que Dios espera de quienes creen en él.

No hay que olvidar nunca que Cristo se está dirigiendo a hebreos que entendían perfectamente cuando les mencionaba la ley y los profetas, dos componentes o secciones en las que ellos dividían los actuales 39 libros que componen lo que nosotros llamamos Antiguo Testamento.

La regla de oro es una síntesis completa de lo que espera el Señor de quienes se adentran al estudio y meditación de la Torá judía, es decir los primeros cinco libros de la palabra de Dios que nosotros conocemos como Pentateuco, pero a la vez representa un breve resumen del resultado que se debe obtener al aproximarnos a los escritos de los profetas.

La Biblia hebrea está dividida en tres secciones claramente definidas: 1. La Torá o Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio y Números. 2. Profetas o Neviim que a su vez se subidivide en primeros profetas: Josué, Jueces, 1º y 2º Samuel y 1º y 2º de Reyes.

Profetas posteriores: Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías. Y 3. Hagiográficos o Ketuvim o Escritos: Salmos, Proverbios, Job, Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés, Ester, Daniel, Esdras, Nehemías, 1º y 2º de Crónicas.

La afirmación de Cristo resumía 26 libros en una sola frase: trata a los demás como quieres que te traten. De esa forma señalaba lo que esperaba de cada creyente o discípulo suyo. Un conducta tal que se viera reflejado siempre en su semejante. Un modelo de vida que consideraba a su prójimo como un ser idéntico a él.

La regla de oro representa, entonces, una de las sobresalientes enseñanzas de Cristo. Es la piedra de toque del cristianismo porque impone reconocernos en cada una de las personas que nos rodea. En primerísimo lugar nuestra familia y seres queridos y luego nuestros vecinos o prójimo.

Aplica la regla de oro: trata como quieres que te traten

I. Porque es un mandamiento
II. Porque esa es la esencia de la Escritura

La regla de oro pone el énfasis en nuestro prójimo. Una y otra vez Cristo enseñó la importancia de tratar correctamente a nuestros amigos y enemigos. A los que que tienen y a los necesitados o a los pobres y a los ricos. Amar a nuestro prójimo se resumen en tratarlo de manera compasiva.

En unas cuantas palabras Jesús plantea la manera en que debemos relacionarnos con los demás. El ser humano es un ser social. Un ser que vive en un entorno de relaciones sociales y necesita un enfoque o una luz para saber como conducirse en medio de la sociedad en la que vive.

La regla de oro se convierte, entonces, en el mejor de los caminos a seguir porque garantiza absolutamente no equivocarnos a la hora de asociarnos con lo demás. Nos ofrece la más segura herramienta para vivir con los demás tanto en nuestra vida pública como en nuestra vida privada.

I. Porque es un mandamiento

La regla de oro constituye un mandamiento en el cristianismo. Aparece enunciado con modificaciones en diversas enseñanzas.

Hilel lo enseñaba así:
Lo que es odioso para ti, no se lo hagas al prójimo.

En el confucionismo se enseña así:
No impongas a otro lo que no elegirías para ti mismo

En el budismo se expresa así:
No hieras a los otros de una forma que tu mismo encontrarías hiriente.

En el hinduismo
Trata a los otros como te tratas a ti mismo.

Cristo lo establece como un mandamiento sustancial o de primer orden entre sus seguidores. En el Sermón de la montaña aparece refulgente para animar y exhortar a todos a vivir una vida armoniosa con los demás.

II. Porque esa es la esencia de la Escritura

La regla de oro surge de lo que dice la Biblia en Levítico 19: 18: “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.”

Voy a citar aquí el comentario a la Torá hebrea por el rabino Rashí:

“Puesto que este enunciado constituye un principio fundamental en la Torá, ha sido explicado de diversos modos. Apuntamos dos de ellos. El primero fue brillantemente ilustrado por el sabio Hilel.

“Cuando llegó un gentil a convertirse y le pidió que le explicara toda la Torá, Hilel le respondió: “No hagas a tu prójimo lo que sería odioso para ti. Esto es toda la Torá. El resto es su comentario; ahora ve y aprende.”

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