La vara para el necio

Dice la Biblia en Proverbios 26: 3 “El látigo para el caballo, el cabestro para el asno,  la vara para la espalda del necio.”

Las traducciones para este verso son esplendidas: “Guía al caballo con el látigo, al burro con el freno, ¡y al necio con la vara en la espalda!”, dice la Nueva traducción viviente. “El látigo es para los caballos, el freno para los asnos y el garrote para la espalda del necio.”, señala la Nueva Versión Internacional.

“Al caballo hay que domarlo, al asno hay que frenarlo y al necio hay que azotarlo.”, expresa la versión de la Biblia Dios Habla Hoy. “Para el caballo, el látigo; para el burro, el freno; para el necio, el garrote.” Señala la versión de la Escritura conocida como Traducción al lenguaje actual.

Todas las versiones son coincidentes al mencionar dos clases de animales: 1. El caballo y 2. El asno o burro y mencionar una clase de seres humanos: el necio. La comparación no es nada agradable, pero es indispensable para conocer lo que depara a las personas que se conducen sin pensar, reflexionar o razonar lo que hacen.

En esta lista nada honrosa también se mencionan tres clases de artefactos que se utilizan para controlar o conducir el caminar del caballo y el burro y, tristemente, también para dirigir la vida de los necios. Al caballo se le domina con el látigo para el caballo y el cabestro o freno para el burro, mientras que para el necio la vara o garrote.

El ser humano puede perder de tal manera la sensatez que requerirá como el caballo y el burro látigo y freno para ser dirigido a fin de que no se haga daño y por supuesto no le haga daño a los demás. 

Que lamentable condición la de un necio, según leemos en este texto, porque su obstinación y su necedad le hacen requerir fuerte golpes. El látigo o garrote es un instrumento muy doloroso, provoca lesiones cuando una y otra vez se utiliza con alguna persona.

El proverbistas esta alertando a sus lectores sobre el grave riesgo que conlleva conducir su vida con necedad. Una persona así es equiparada con una bestia que no puede conducirse sola, que necesariamente requiere disciplina física porque de lo contrario no entiende ni hace lo que le corresponde hacer.

La necedad, la insensatez y la falta de cordura harán siempre que una persona requiera de guía y dirección y para lograrlo la vida lo llevará por circunstancias que lo azotarán hasta que entienda, si es que llega a entender.

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