Dignos e indignos

Dice la Biblia en Mateo 10: 37 “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí.”

El contexto de este verso nos ofrece la posibilidad de entender a que se refiere Jesús cuando pide amarlo a él antes que a nuestros padres o nuestros hijos. Dos de las relaciones filiales más importante en la vida de las personas. Jesús ni esta promoviendo que rechacemos a nuestros seres queridos, ni tampoco esta promoviendo desapegos.

En realidad lo que Cristo está planteando es que en la disyuntiva de que nuestro padres o hijos rechacen el evangelio nosotros tenemos que mantenernos en nuestra fe, a pesar de lo doloroso que puede representar separarnos por la fe de quienes amamos y apreciamos por ser parte de nosotros.

Entre seguir el camino de la vida y dejarlo con tal de no “perder” nuestra relación con nuestros padres o con nuestros hijos, Cristo pide que se priorice siempre su divinidad, que sea Él quien tenga siempre la prioridad. Que ante el dilema de a quién seguir si a Jesús o a la familia se opte por Cristo.

Cristo repite dos veces la expresión “digno”. El creyente no es digno si ama más a sus padres que a Cristo a la hora de que sus padres se oponen al evangelio. Tampoco es digno de ser llamado discípulo cuando ama más a sus hijos que al Señor en momentos en que sus vástagos rechazan las buenas nuevas.

En esos momentos de crisis por creer en Cristo, el Señor pide que se decida por él. Que hagamos a un lado nuestros sentimientos, que hagamos a un lado nuestros lazos afectivos y le sigamos a Él, aun cuando ello implique romper con nuestra familia o que nuestra familia rompa con nosotros.

Las tensiones familiares por el evangelio pueden llegar a este extremo. Los seguidores del Señor deben tener claro que el camino de la vida puede tener esta vereda y deben estar dispuestos a tomarla.

Justo en esta decisión Cristo clasifica a los discípulos en digno e indignos. Dignos son todos aquellos que anteponen a Cristo antes que a su familia e indignos son aquellos que con tal de “llevar la fiesta en paz” optan por su familia, a pesar de que ellos se opongan al evangelio. Lo único que ocurrirá, si se rechaza el evangelio, es el que creyente terminará dando la espalda al evangelio.

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