El ministro de culto y su familia

Dice la Biblia en 1ª Timoteo 3: 5

“…el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?”.

Para el apóstol Pablo una condición inequívoca de saber si un ministro podría cuidar de la iglesia era observando como gobernaba o dirigía su casa o su familia. El hogar constituía para los pastores del pueblo de Dios una de las primeras evidencias de si tenía los arrestos y el perfil para conducir una iglesia.

La casa y la familia templan el carácter de un hombre a la hora de saber si puede estar al frente de una iglesia o puede conducir al rebaño del Señor. No es la única, pero es una de las más relevantes para Pablo, un misionero que fundó iglesia tras iglesia y a la hora de saber quien podría estar al frente de ellas optó por hombres casados y con hijos.

Pero no bastaba con solo tener esposa y procrear hijos. Era indispensable tener dote de gobernante de un grupo pequeño de personas. La esposa y los hijos son la medida de la capacidad o incapacidad de un hombre para conocer su llamado a dirigir a un grupo de personas que han decidido caminar bajo la dirección del Señor Jesucristo.

Pablo, con todo y que era un hombre sin esposa, no estableció como requisito para ser ministro o pastor del rebaño del Señor abstenerse del matrimonio por el contrario quien anhelara servir a la causa de Cristo habría de ser marido de una sola mujer y tener hijos en sujeción.

De esta manera el apóstol vinculaba de manera inseparable al ministro de la iglesia con su familia o a la familia con la iglesia. Una esposa sujeta a su marido y unos hijos obedientes a su padre era y es el mejor mecanismo para conocer la clase de ministro. Un hogar disoluto o en rebeldía habla de una grave crisis en la vida del pastor.

El hogar constituye uno de los pilares fundamentales sobre los que descansa la labor pastoral. No puede estar divorciado lo que ocurre en la casa o la familia con lo que se hace o sucede en la iglesia. Es un reflejo o un espejo. Lo que se hace en la casa incide en lo que ocurre en las congregaciones.

Se necesita un pastor o ministro que gobierne con sensatez su casa para entonces poder gobernar con prudencia la iglesia de Dios. Frase que Pablo utiliza para precisar la importancia de hacer bien la labor al frente del pueblo de Dios.

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