El Dios de la alegría

Dice la Biblia en Salmos 43: 4

“Entraré al altar de Dios, al Dios de mi alegría y mi gozo; y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío.”

Las presiones propias de la existencia humana, los problemas y dificultades que se presentan a lo largo de la vida y el sufrimiento y tribulación que llegan de golpe tienen como principal característica que roban y atacan directamente el gusto por vivir sobre la tierra disfrutando la creación y al Creador.

Esas circunstancia suelen desanimarnos y desalentarnos. A veces nos derriban completamente porque llegan con tal crudeza que parecen destinadas a arrancarnos el deseo de seguir el camino que Dios ha trazado para nuestras vidas. De un momento a otro se esfuma la esperanza y calma de nuestras vidas.

Al salmista le ha pasado lo mismo. Sus enemigos lo oprimen con tal fuerza que vive como si estuviera enlutado. Muy triste. Muy deprimido. Y en lugar de dejarse llevar por estos dos sentimientos él hace lo que  todos debemos hacer en esos momentos tan tormentosos: entró al altar de Dios.

Justo cuando más difícil resulta acercarnos a Dios es cuando más debemos hacerlo. Cuando todo parece ir en contra nuestra y las circunstancias y personas parecen empecinadas en hundirnos en la tristeza debemos llegar ante Dios y reconocer que ese es el único lugar donde encontraremos alegría y gozo.

Esa es un de las grandes virtudes de nuestro Dios: cambia nuestro lamento en danza. Transformar en verdor nuestras sequedades. Muta la tristeza por el gozo y hace que las circunstancias podamos apreciarlas justamente como Él las mira. En su presencia podemos encontrar la alegría genuina justo en circunstancias adversas.

Al final de cuentas lo único que tenemos o lo único que nos queda en esas largas horas de dolor y desesperanza es Dios. El salmista lo repite y lo sostiene cuando dice: “Dios, Dios mío.” Ese Dios está justamente en esos tiempos con nosotros y nos pide adorarlo con júbilo y alegría.

Nuestro Dios es el Dios de la alegría. Sólo en Él podemos encontrar el gozo para vivir esta vida llena, a veces, de muchos sinsabores.

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