Salvos para obedecer la palabra de Dios

Dice la Biblia en Salmos 119: 146

“A ti clamé; sálvame, y guardaré tus testimonios.”

El salmista vive atribulado. Esta pasando instantes de gran dificultad. Las enfermedades, la escasez, las dificultades familiares, los peligros mortales y las injusticias parecen ahogarlo. Desde allí se lanza para clamar a Dios que lo salve. Él sabe que su vida depende de un acto bondadoso de Dios.

En ocasiones la vida se convierte en una suerte de dificultades y problemas que parecen ahogarnos y que parecen contrariar seriamente cada una de las promesas que encontramos en la Escritura. Eso dificulta gravemente nuestro deseo de obedecer a Dios y seguir sus caminos.

El autor del verso que meditamos pasa justamente ese tipo de situaciones y desde lo profundo de su ser clama a Dios, pero juntamente con ese clamor que nace de lo más íntimo de su ser, hay una promesa de guardar u obedecer los testimonios que Dios le ha dado a su vida.

El salmista promete que una vez salvado de esa situación él se avocará o se dedicará a obedecer los mandamientos que la palabra de Dios contiene. La salvación de todos los males que enfrenta tiene como finalidad acercarse a la Biblia a fin de ponerla por obra cada uno de los días que el Señor le dé de existencia.

Guardar sus testimonios se convierte de esa manera en la manera de agradecer a Dios haberlo sacado de problemas muy graves que ponían en peligro su vida misma porque salir de las dificultades para desobedecerlo no tiene sentido. Para que vivir si es fuera de su voluntad.

La vida tiene sentido únicamente cuando se vive para agradar a Dios. Al agradarlo el ser completo se siente satisfecho y encuentra la paz profunda que demanda su alma para descansar completamente sin nada que lo atemorice o le perturbe.

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