El adulterio es inocultable ante Dios

Dice la Biblia en Proverbios 5: 21 “Porque los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová, y él considera todas sus veredas.”

La versión de la Biblia Dios Habla Hoy traduce este verso de la siguiente manera: “El Señor está pendiente de la conducta del hombre; no pierde de vista ninguno de sus pasos.” El texto aparece justamente en un capítulo que el proverbista dedica al tema del adulterio, uno de los grandes males morales y sociales de nuestro tiempo.

Generalmente el adulterio ocurre en lo oculto, los que se embarcan en este tipo de relación lo hace a escondidas. Por supuesto que hay algunos que lo hacen abiertamente, pero son los menos. En realidad los adúlteros buscan que nadie los vea, que nadie se de cuenta de lo que están haciendo.

El proverbista alerta a sus lectores que puede resultar insensato pensar que Dios no conocerá este tipo de conducta. Justamente la Nueva traducción viviente, traduce este texto así: “Pues el Señor ve con claridad lo que hace el hombre, examina cada senda que toma.” Dios conocerá perfectamente este tipo de acción y la sancionará.

Pensar que uno se puede ocultar de Dios es una de las grandes mentiras que el adulterio hace que las personas crean. Pueden esconderse de su pareja, de sus hijos e hijas, de sus familiares, pero Dios siempre conocerá que hace cada uno y ese solo hecho debe inhibir nuestra inclinación maligna.

Parece una verdad, la presencia u omnipresencia de Dios, que no necesita repetirse, pero en el tema del adulterio es necesario recordar una y otra vez que el Señor conoce nuestros más íntimos pensamientos y su deseo es que nosotros nos apartemos de esa clase de pecados que nos destruyen y destruyen lo que más amamos.

Recordar que el Señor está muy pendiente de lo que hacemos o dejamos de hacer y que además que no pierde de vista ninguno de nuestros pasos que tomamos nos ayudará grandemente a la hora de enfrentar la tentación de engañar a nuestra esposa o a nuestro esposo que confían plenamente en nosotros.

Salomón, el autor de los Proverbios, nos llama a vivir cada día de nuestra vida como si Dios nos estuviera examinando permanentemente. Nos ayuda a cuidarnos no de los demás, sino propiamente de Dios que conoce a la perfección y a detalle hasta lo que guardamos en nuestro corazón y nadie sabe.

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