La cruz de Cristo

Dice la Biblia en Mateo 10: 38 “y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.”

El discipulado cristiano es demandante. Cristo establece en este verso por lo menos dos requisitos indispensables para ser su seguidor, digno de Él: 1. Tomar la cruz y 2. Seguir en pos de él. Tomar la cruz implica aceptar voluntariamente y sin protestar el sufrimiento que acarrea ser su seguidor.

El creyente en Jesucristo debe estar plenamente consciente de su posición dentro de este mundo: aflicción, dolor y tribulación. La cruz de Cristo implica el sometimiento completo a la voluntad de Dios justo en los momentos en los que las circunstancias provocan contrariedad y a veces situaciones sin sentido.

La cruz de Cristo es el emblema del dolor, el suplicio, el abatimiento del alma con tal de seguir haciendo la voluntad de Dios. Desde que abrazamos a Jesús como nuestro salvador abrazamos también su cruz. Ese infame instrumento de tortura que los romanos idearon para hacer de la muerte el más lento y agonizante espectáculo social.

A la par de tomar la cruz, es indispensable ir en pos de él. Porque por supuesto se puede sufrir sin ir detrás de Cristo. Pero la cruz sólo toma sentido o solo se logra cargar cuando avanzamos detrás de nuestro bendito Señor que la cargó sin culpa alguna, que la tomó para redimirnos sin que se le hallará culpa o pecado.

Seguir los pasos de Jesús es un requisito de primer orden a la hora de autodefinirnos como discípulos. Ir detrás de su caminar implica también asumir la actitud con la que él enfrentó a sus adversarios, a sus acusadores y sus enemigos que le llevaron a la muerte y que siempre le rechazaron.

La mejor forma para saber si alguien es un verdadero discípulo es como Pablo solía decir: “En mi cuerpo llevo las marcas de la cruz”. Y sigue a su Señor. Esa son las pruebas indubitables de que en realidad ha comprendido cabalmente el mensaje de la cruz. Y por supuesto es la mejor manera de medir por mí mismo que soy un fiel seguidor, digno de Él.

En momentos en que el cristianismo parece diluirse y convertirse en un mensaje idéntico a otras expresiones de espiritualidad como el budismo, confucionismo, el islam o taoísmo, es importantísimo recordar que la cruz e ir en pos de Jesús hace siempre la gran diferencia. Sufrir en este mundo sólo tiene sentido si es por el Señor.

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