Un trato afable hacia las mujeres

Dice la Biblia en Juan 4: 9

“…¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?”

Con esta pregunta la mujer samaritana expresó su sorpresa a Jesús y descubrió la triste y lamentable condición social en la que las mujeres de su época vivían. Si bien Dios creó en igualdad de dignidad al hombre y a la mujer, pues son imagen suya, los hombres de los tiempos de Jesús habían creado una serie de conceptos que menoscababan su humanidad.

Las mujeres perdieron poco a poco su lugar dentro de la sociedad, pero cuando Jesús apareció patentizó la equivocada percepción y acciones que contra las mujeres se tenía. Su trato a la mujer fue completamente distinto al de sus contemporáneos. Con la samaritana habló. Algo imposible en esa época.

Pero a lo largo de su ministerio tuvo un trato afable con ellas: 1. La mujer que tocó su manto y fue sanada, le dijo: Hija ve en paz tu fe te ha sanado. 2. A la mujer adúltera sorprendida en el acto mismo del adulterio le dijo: ¿Dónde están los que te condenaban?…Ni yo te condeno, vete y no peques más.

3. A la mujer que derramó sobre él un perfume de nardo de muy alto costo, pidió que no la molestaran. 4. A María Magdalena la consoló cuando lloraba profundamente afuera del sepulcro donde fue puesto su cuerpo. 5. Ni que decir de Martha y María, hermanas de Lázaro con quienes tuvo una estrecha amistad.

Jesús le devolvió la dignidad a la mujer. La puso en el lugar que le correspondía. No atrás, ni adelante sino justo en el lugar que Dios diseñó para ella. Un lugar donde se le respetara. Donde no se le rebajara ya que les recordó a todos y nos recuerda que la mujer es creación de Dios.

Nunca fue, ni ha sido la intención de Dios degradar a la mujer. En cada trato que tuvo con las mujeres con las que interactuó, Cristo dio siempre muestras de un trato afable y respetuoso para con ellas. Ese mismo trato nos demanda como hijos de Dios hacia ellas y para con ellas.

La pregunta de la mujer samaritana nos recuerda que Jesús nunca prejuzgó a una mujer. Que los estereotipos creados por los propios hombres jamás fueron un impedimento para darle a ellas un trato cálido. Jesús nos recuerda una y otra vez que a la hora de tratar con una mujer se debe hacer a un lado los prejuicios de toda clase.

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