Esperar en la palabra de Dios

Dice la Biblia en Salmos 119: 147

“Me anticipé al alba, y clamé; esperé en tu palabra.”

La Escritura demanda esfuerzo de quien la lee. El salmista lo sabe bien y en el texto de hoy nos recuerda la imperiosa necesidad de buscar a Dios haciendo un esfuerzo por derrotar nuestros gustos y debilidades, uno de ellos vencer el sueño y clamar a Dios antes de que amanezca.

No es que Dios no escuché a otra hora del día. Buscar a Dios temprano es una forma de reconocer o admitir nuestra profunda necesidad de él. Es una expresión de nuestra enorme dependencia de él y nuestro compromiso de hacer a un lado todo aquello que más disfrutamos con tal de agradarle.

La versión de la Escritura, Nueva Traducción Viviente traduce este verso así: “Me levanto temprano, antes de que salga el sol; clamo en busca de ayuda y pongo mi esperanza en tus palabras.” Madrugar para clamar a Dios tiene que ir acompañado siempre de confiar en la palabra de Dios.

No solo es el esfuerzo humano para acercarnos a Dios, también es indispensable hacer de la Escritura nuestra confianza. El salmista nos enseña la importancia de combinar o mezclar nuestro esfuerzo personal con la fe en lo que Dios ha dicho a través de sus estatutos y mandamientos.

No es que las obras humanas impresionen a Dios, pero como Padre, el Señor se agrada de hijos esforzados, de hijos que ante una dificultad o problema se levantan temprano para clamar a su nombre y desde esa hora de la mañana comienzan a esperar que Dios obre su perfecta voluntad.

Clamar muy de mañana y esperar en la palabra de Dios hacen patente el interés de una persona porque Dios atienda sus necesidades. También nos enseña que nuestro clamor a Dios debe ceñirse a lo que establece la revelación divina, no más, pero tampoco menos.

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