Congruencia

Dice la Biblia en Proverbios 12: 14

“El hombre será saciado de fruto de su boca; y le será pagado según la obra de sus manos.”

Me gusta como traduce este verso la Traducción al lenguaje actual de la palabra de Dios porque dice así: “Cada uno recibe lo que merecen sus palabras y sus hechos.” Porque sintetiza de manera muy sencilla el resultado de lo que uno dice y hace. Decir y hacer o es un acto de plena congruencia o es un acto de total hipocresía.

En cualquiera de los casos todos los seres humanos recibirán su premio o castigo. Todos serán recompensados o mejor dicho todos tendrá el pago de haber alineado o no lo que decían con lo que hacían. Empatar o coordinar lo que se dice con lo que se hace es una virtud que no todos logran.

Unos mil años después de escritos estos proverbios, Jesús planteó la necesidad de ajustar siempre nuestras palabras con nuestras acciones. Esa fue su lucha contra los fariseos y escribas a quienes una y otra vez demandó congruencia entre lo que enseñaban y practicaban ante el pueblo.

Ellos lo acusaron de sanar a personas el día de reposo porque según ellos violaba el día de descanso, pero ellos mismos no tenían empacho en rescatar algún animal suyo cuando caía en algún hoyo, independientemente de que fuera el séptimo día en el que ocurría ese accidente. No había congruencia entre lo que hacían y lo que decían.

Hay un problema cuando se dice una cosa y se hace otra: se aprecia una persona que vive una existencia sin principios o sin coherencia y eso le resta respeto o consideración porque no hay relación o no hay lógica en su vivir cotidiano.

Por eso, el proverbista llama la atención para evitar esa actitud y recordar siempre que las personas nos tomarán con seriedad cuando vean que hacemos lo que decimos o que practicamos nuestras convicciones. De otro modo sólo seremos escarnio para los que miran nuestra vida.

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