Perder para ganar

Dice la Biblia en Mateo 10: 39 “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.”

Cristo era muy aficionado a contrapuntear ideas para resaltar ciertas enseñanzas. Luz y tinieblas, agua y sed, aborrecimiento y odio. En cada una de ellas siempre dejó una lección para sus seguidores a fin de que comprendieran la magnitud de su llamado o el tamaño de su responsabilidad.

En su segundo discurso en el libro de Mateo encontramos de nueva cuenta con este estilo de enseñanza: El discípulo debe estar dispuesto a compartir su fe, aún en las condiciones más adversas y en un caso extremo perderla, pero consiente de que en realidad la está ganando para el reino de los cielos.

La Traducción al lenguaje actual de la palabra de Dios dice así: “Si sólo se preocupan por su propia vida, la van a perder. Pero si están dispuestos a dar su vida por causa mía, les aseguro que la van a ganar.” La vida es el bien más preciado que tenemos y Cristo dice que podemos hacerla muy provechosa o definitivamente la podemos desperdiciar.

El Señor está poniendo el acento o señalando la importancia de consagrar nuestra existencia en su persona aún cuando ello parezca un despropósito o algo que nos haga “perder” nuestra vida, porque lo que en realidad estamos haciendo es ganarla para su reino, es decir le estamos dando sentido y orientación hacia lo valioso y lo importante.

Ante el mundo un vida dedicada al Señor y su obra es el más grande error o la más grande equivocación porque supone abstenerse de todos los placeres que ofrece, pero ante el Señor es la mejor manera de aprovechar nuestro breve paso por el mundo. De hecho esa es la única manera de que la vida cobre sentido real.

Este juego de palabras utilizado por Cristo podemos resumirlo en una frase sencilla: con Jesús perder es ganar y ganar es perder. Podemos quedarnos con nuestra vida y hacer de ella lo que nos plazca, pero con esa decisión estaremos perdiendo ante el Señor, pero también podemos “perder” nuestra vida entregándosela, pero en realidad ganamos.

Y siempre hemos de tener su ejemplo ya que él perdió su vida en la cruz, pero la recuperó con la resurrección y desde entonces se le dio un nombre que es nombre sobre todo nombre. Definitivamente en Cristo perder es ganar.

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