Respeto por el matrimonio

Dice la Biblia en Hebreos 13: 4 “Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla, pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.”

Me encanta como traduce este verso la versión Latinoamericana: “Que todos respeten el matrimonio y ninguno manche la unión conyugal. Dios castigará a los licenciosos y a los que cometen adulterio.” También me resulta muy pertinente la manera en que la Nueva Versión Internacional lo hace:

“Tengan todos en alta estima el matrimonio y la fidelidad conyugal, porque Dios juzgará a los adúlteros y a todos los que cometen inmoralidades sexuales.”

La carta a los Hebreos fue escrita por un autor, hasta ahora desconocido, conocedor y experto de la Torá judía. No era un improvisado, sino uno con un manejo experimentado y sobre todo con una sabiduría infinita para explicar el Antiguo Testamento desde la perspectiva cristiana.

Los hebreos eran y son por mucho los depositarios de las profundas verdades que encierra el matrimonio. Ningún pueblo como el de ellos conocen su origen, naturaleza y destino de la más importante institución humana que Dios les dejó como herencia desde el día en que formó a Adán y Eva.

Y a los conversos del judaísmo al cristianismo les dirige estas palabras. No parecería necesario que les pidiera que tuvieran respeto por el matrimonio. Un pueblo con tanto conocimiento sobre el tema tal vez no requería que le insistiera sobre un asunto que ellos conocían perfectamente.

Pero les pidió que tuvieran respeto porque el matrimonio se estaba convirtiendo en un tema que se tomaba a la ligera. Algunos malentendieron las enseñanzas de Cristo y de pronto relegaron al matrimonio a un lugar que no le correspondía. Lo desvalorizaron y lo colocaron como algo hasta nocivo.

El problema de una actitud así es que tarde o temprano conduce a la inmoralidad sexual porque los seres humanos fueron creados con deseo sexual. Por supuesto que hay sus excepciones, pero la mayoría fue diseñado así. El matrimonio es el mecanismo instrumentado por Dios para satisfacer esas necesidades del cuerpo humano.

Al denigrar o restarle importancia al matrimonio se estaba abriendo la puerta a toda clase de perversidades sexuales como el adulterio o la fornicación y eso dañaba la naturaleza de la vida en pareja. El llamado a respetar el matrimonio es siempre una exigencia necesaria para los creyentes. El adulterio o las relaciones premaritales lo dañan severamente.

El llamado está vigente para la iglesia. El matrimonio es una institución creada por Dios para salvaguardar la especie humana y nada puede sustituirla porque es la que reproduce la existencia misma.

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