Enojarse con Dios

Dice la Biblia en Proverbios 19: 3 “La insensatez del hombre tuerce su camino, y luego contra Jehová se irrita su corazón.”

Una de las traducciones modernas de este texto dice así: “La gente arruina su vida por su propia necedad, y después se enoja con el Señor.” (Nueva Traducción Viviente). También otra versión dice así: “El tonto fracasa en todo, y luego dice: «¡Dios tiene la culpa!”. (Versión Dios Habla Hoy de la Biblia.)

El sentido del texto resulta más comprensible con estas dos traducciones. El proverbista nos dice que la necedad y la insensatez tienen como características que las personas con esa actitud o ese defecto jamás asumen sus responsabilidades. A la hora de responder por sus fracasos generalmente responsabilizan a otros e incluso a Dios.

Es un hecho innegable que tarde o temprano todos los seres humanos tenemos que hacer un corte de caja, una revisión de lo que hicimos o dejamos de hacer. Independientemente si cree o no en Dios, todos los seres humanos habrán de rendir cuentas en esta vida por todo lo obrado o por todo lo omitido.

Una vida de decisiones tomadas con responsabilidad y considerando siempre a Dios tendrá invariablemente un balance con muchos activos, pero una vida que se vivió a espaldas de Dios o que se hizo sin responsabilidad, actuando bajo emociones o sin reflexionar lo que se hacía tendrá irremediablemente un balance con muchos negativos o números rojos.

Si ya de por si vivir de esta última manera es una insensatez muy grave, la necedad se hace mayúscula cuando después de vivir a su manera o conforme a sus deseos, el hombre culpa a Dios de su condición o su mala situación con la que sale de este mundo, como si el Señor fuese responsable de lo que hizo o dejo de hacer en su vida.

El proverbista llama a esta clase de personas como necios y necios en grado muy elevado porque se enojan contra Dios como si a lo largo de su vida Dios los hubiera conducido por caminos sin provecho. Pero no pueden actuar de otra manera porque nunca aprendieron a asumir sus responsabilidades.

Entender que somos arquitectos de nuestro propio destino, comprender que somos los únicos responsables de lo que ha de venir a nuestra vida es el primer paso para madurar y dejar de responsabilizar a los demás de nuestra conducta, pero sobre todo dejar de culpar a Dios de nuestra malas decisiones.

Una vez asumida esa verdad, podremos salir de esa situación en la que muchas personas se encuentran: pensar que Dios es el culpable de mis fracasos y enojarse con el Creador que para nada tiene la culpa de que al final de nuestra existencia comprendamos que hicimos todo lo posible por no triunfar.

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