Un llamado a esperar el regreso de Cristo sin perder el tiempo

Dice la Biblia en 2ª de Pedro 3: 12 “esperando y apresurándoos para que la venida de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán.”

Al apóstol Pedro lo emocionó el regreso de Cristo. Para ese discípulo el retorno de su Señor era el evento más importante que merecía la espera por cualquier tiempo, pero esa espera no necesariamente era pasiva, es decir, esperarlo sin hacer nada, al contrario quien cree en la parousía (regreso de Cristo, en griego) debe activarse siempre.

Pedro dice que los creyentes deben esperar y apresurarse combinando dos términos que parecen distantes uno de otros porque por mucho tiempo la cristiandad ha creído que esperar al Señor implica un dejar de hacer o cruzarse de brazos y que ese suceso tendrá que suceder irremediablemente.

Para entender mejor lo que Pedro nos dejó escrito es muy conveniente recurrir al griego para comprender la expresión “apresurándoos”. Esa expresión procede de la raíz griega “speudó” que literalmente se traduce como “date prisa”, “apurado”, “apresuradamente” siempre en el sentido de urgencia no de estar retrasado en algo.

La expresión “apresurándonos” comunica, entonces, la idea de no perder el tiempo, de aprovechar al máximo las horas, los días, las semanas y los meses y en relación al regreso de Cristo esa idea nos lleva a esperarlo sin perder el tiempo, haciendo de uso del tiempo lo más sensato posible.

Esperar a Cristo implica un trabajar en lo material y lo espiritual constante y permanente. Sin bajar la guardia, sin detenerse haciendo siempre la voluntad del Padre que nos escogió desde antes de la fundación del mundo.

Pedro deseaba que a su regreso Cristo nos encontrará trabajando en su obra. Esperándolo, pero haciendo su voluntad. Esperándolo, pero llevando a cabo su obra de anunciar su evangelio por todo el mundo.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: